miércoles, 27 de agosto de 2008 16:48
Rosa Massagué
Los riesgos que toma Rusia
La desproporcionada intervención militar rusa en Georgia a principios de mes acarreaba diversas ventajas para Moscú en el escenario internacional. La más importante era la demostración de poderío de un gran país que se había visto humillado durante dos décadas, convertido en una penosa sombra de lo que una vez fue e incapaz de alimentar a su propia gente. El nuevo paso dado en la escalada con el reconocimiento de la independencia de las provincias secesionistas georgianas de Osetia del Sur y Abjazia, anunciado a bombo y platillo el martes por el presidente Dmitri Medvédev, por el contrario, acarrea serios inconvenientes para Rusia, al margen de como pueda evolucionar la situación.
El presidente ha asegurado que su país no teme al aislamiento internacional al que se verá sin duda sometido, pero vivir aislado, por mucho poder que se tenga, tiene un precio muy elevado. Ningún país occidental se alineará con Rusia para reconocer la independencia de aquellas provincias secesionistas. Si la independencia de Kosovo no consiguió un reconocimiento compacto, menos lo conseguirán ahora aquellos territorios del Cáucaso. Moscú podrá conseguir el apoyo de países como Irán o Siria, pero no le sacarán de su aislamiento porque son países que ya viven al margen o con un solo pie dentro del concierto internacional. Rusia también encontrará la puerta cerrada de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), organismos a los que intentaba integrarse. Y también es posible que se le excluya del G-8, el grupo de países más industrializados del mundo.
En el mundo globalizado e interdependiente, el aislamiento tiene consecuencias económicas y esto es lo que ya ha ocurrido antes incluso del último desafío del Kremlin. Rusia es uno de los mayores receptores de inversión extranjera directa del mundo. El monto de la inversión registrada en el 2007 ascendió a 52 millones de dólares, "su nivel más alto", según un informe de la OCDE recién publicado.
Después de la primera fase de la actual crisis, tras la intervención militar iniciada el 7 de agosto, hubo una huida de inversores extranjeros, temerosos de los riesgos que tal situación de tensión e inestabilidad podían acarrear. El propio ministro de Finazas, Alexei Kudrin, admitió el 17 de agosto que entre los días 8 y 11, inmediatamente después de la intervención rusa en Georgia, 6.000 millones de dólares de capital extranjero habían salido de Rusia. La actual escalada de la crisis sumará sus efectos negativos a esta fuga de capitales. Los propios oligarcas rusos tentados de poner a salvo sus bienes en el extranjero pueden sumarse a la fuga, como ya hicieron en 1998 cuando la devaluación del rublo hundió la economía del país.
Un tercer efecto negativo del desafío de las autoridades rusas puede tener por escenario la propia integridad territorial de la Federación. Muchos son los pueblos no rusos que viven agraviados dentro de Rusia y pueden ver en la actual situación el momento de intentar el desagravio. Chechenia, por ejemplo, es uno de ellos. Su independencia fue aplastada a sangre y fuego, pero el conflicto quedó cerrado en falso.