domingo, 24 de agosto de 2008 12:38
Rosa Massagué
Ecclestone, Camps, Blair
Hay tipos con suerte. Bernie Ecclestone es uno de ellos. Los políticos a los que se aproxima este gran jefe discutido de la Fórmula 1, también. A Francisco Camps, le fue estupendamente el anuncio de la creación de un circuito automovilístico urbano en Valencia hecho por Ecclestone el 10 de mayo del pasado año. Casualmente, era el día antes de que empezara la campaña electoral para las autonómicas a las que el político del Partido Popular (PP) concurría en busca de la reelección a la presidencia de la Generalitat Valenciana. Hubo desmentidos de que el patrón de la Fórmula 1 estuviera condicionando la creación de un nuevo circuito -ya hay uno en Cheste, a 25 kilómetros de Valencia-- a la victoria del PP. Es muy posible que Camps hubiera ganado igualmente la reelección sin circuito, pero pudo capitalizar el anuncio como una promesa electoral aunque técnicamente no lo fuera.
Otro que salió de rositas de su relación con Ecclestone fue el exprimer ministro británico Tony Blair. Aunque tuvo que comparecer en televisión y poner su mejor cara de niño que no ha roto un plato, su conflictiva relación con el rey de la pista no le desgastó lo más mínimo. Aquello ocurrió en 1997. El laborista Blair había ganado por primera vez las elecciones y lo había hecho de forma arrolladora dejando completamente noqueado al Partido Conservador.
Durante los primeros días de su mandato, el nuevo inquilino del número 10 de Downing Street se dedicó a tomar medidas para tranquilizar los mercados, manifestar la voluntad de cambio y plantear iniciativas para intentar solucionar problemas que se habían demostrado intratables como el conflicto de Irlanda del Norte. Una vez movidas estas fichas, cuando habían transcurrido poco más de dos semanas de la victoria, Blair puso otras sobre el tablero con la finalidad de dar satisfacción a amplios sectores de su electorado. Como, por ejemplo, el antitabaquista. El Gobierno anunció la prohibición de la publicidad de tabaco en todos los acontecimientos deportivos, y hacía extensiva la prohibición incluso "al patrocinio", según explicó el ministro de Sanidad de la época, Frank Dobson.
Sin embargo, seis meses más tarde, en noviembre de aquel 1997, el Gobierno anunció una excepción a aquella drástica medida. La Formula 1 quedaba exenta de la prohibición de anunciar tabaco. ¿Qué había ocurrido? Un par de cosas. Se supo que antes de las elecciones, Ecclestone había donado un millón de libras esterlinas (1.250.000 euros, al cambio actual) al Partido Laborista. Y dos semanas antes del anuncio de la excepción, el 16 de octubre, Ecclestone y Max Mosley, el otro jefe de los cirucitos, habían mantenido una entrevista con Blair en su residencia oficial.
Ante la sospecha desatada por ambos hechos, el primer ministro se vio obligado a desmentir públicamente cualquier actuación incorrecta, a devolver el millón de esterlinas y a rechazar futuras donaciones del jefe de la Fórmula 1. Transcurrido apenas medio año de la victoria electoral, aquel fue el primer escándalo protagonizado por el Gobierno de Tony Blair, pero el primer ministro y su electorado todavía vivían en plena luna de miel y el caso no pasó de ahí.
Lo dicho. Hay tipos con suerte.