lunes, 30 de junio de 2008 20:14
Rosa Massagué
El liderazgo fallido de Gordon Brown
Poco ha podido celebrar Gordon Brown en el primer aniversario de su llegada a Downing Street. En vez de felicitaciones, el primer ministro británico se encontró ante la mesa un sinfín de sondeos de opinión y todos coincidían en darle una pésima valoración, tan mala que es lugar común en la prensa compararla con la que había recibido el Partido Conservador en 1997, cuando los laboristas, con Tony Blair y el propio Brown en cabeza, se disponían a enviarlo a la oposición en la que todavía está.
Tras salvar el verano del año pasado con buena nota --mucho mejor que la dejada por Blair--, a Brown le han crecido enanos por todas partes. Su suerte empezó a torcerse cuando, al retorno de las vacaciones, jugó con la posibilidad de convocar elecciones anticipadas. El momento era bueno para los laboristas y Brown, de ganar y todo apuntaba a que sería así, conseguiría la legitimidad que dan las urnas, legitimidad de la que carecía y sigue careciendo ya que llegó a Downing Street nombrado por el partido cuando Blair decidió retirarse. Sin embargo, Brown se asustó. La decisión de no llamar a las urnas fue considerada como un sigo de debilidad y ahí empezó su calvario. Todo le fue en contra.
Pese a su indiscutible capacidad intelectual, su imagen y su escasa capacidad comunicativa no ayudan. Brown ha tenido a unos parlamentarios laboristas cada vez más revoltosos y más dispuestos a prescindir de la disciplina de partido a la hora de votar. Se le ha acusado de comprar votos para endurecer una ley antiterrorista. Al exitoso exministro de Hacienda le estalló en casa la quiebra del Northern Rock, un banco especializado en créditos hipotecarios, arrastrado por la crisis que ha azotado a este mismo sector en EEUU. Ha dado señales confusas sobre Europa. En varias ocasiones, altos funcionarios han perdido o olvidado en trenes documentos supersecretos o información de fiscal de ciudadanos. Y encima, su reciente visita a EEUU con la que aspiraba a recuperar imagen junto al presidente Bush, salió mal. Coincidió la visita del papa Benedicto XVI y fue éste quien acaparó todo el interés informativo.
El primer aniversario ha sido ocasión aprovechada por los comentaristas para ofrecerle consejos de todo tipo. El más sensato, sin duda es el del comentarista Peter Riddell en The Times: "La única posibilidad que tiene el Sr. Brown es la de intentar, si puede, restaurar la reputación de Gobierno competente. Esto implica agarrarse a su instinto en vez de intentar apaciguar a rebeldes y críticos". Pero, como señalaba un editorial del dominical The Observer: "Cuando se ponen en duda las credenciales básicas del carácter del primer ministro, cualquier revés se convierte en una historia de liderazgo fallido".