450 euros para que la consignataria de Ceuta lo traslade hasta Algeciras en barco; una noche de hotel; taxi hasta Málaga, donde debe tomar un avión hacia Madrid, y, desde ahí, un vuelo a Estambul. El dinero se lo hará llegar su hermano, en Turquía. Este también comprará el billete de avión: Málaga-Madrid-Estambul.
Si el lunes Ilyas no llega a Izmir, perderá el curso en la universidad y tendrá que repetir un año. El reglamento universitario no contempla casos de abandono. Ilyas estudia en la Facultad de Náutica; en un año estará licenciado, y él espera hacer carrera en el mar y llegar a ser capitán. Ni siquiera lo que ha vivido en el Rohne le ha hecho cambiar de idea: será "un buen master (capitán)".
Son las 12 del mediodía en Ceuta. La niebla se ha levantado y en la ciudad se ven soldados y, como dicen aquí, musulmanes y cristianos. Ilyas tiene 36 horas para conseguir el dinero, el visado y el billete. Sin billete, no hay visado y sin dinero, no hay ni visado ni billete. Debe coordinar todos los pasos de su hermano, sobre todo hacerle entender que no debe confiar más en el mánager y que él mismo, desde Turquía, le debe comprar el billete por internet y enviarle el dinero para pagar a la consignataria. ¿Cómo hacer todo esto? No lo sabe. Se llaman a cada hora, pero el chico en Turquía no entiende que el mánager ya no existe. Ilyas ya no sabe cómo explicárselo. De momento, le suplica que vaya a Western Union y deposite el dinero. Esto lo entiende.
Este es un post de carreras, de nervios, de trampas, de triquiñuelas y de miseria hecha negocio en el mar. Ilyas llegó al Rohne para hacer un entrenamiento, lo gestionó él mismo a través de una página de internet y se embarcó en Tekirdag. Luego, vino el abandondo.
Ilyas cuenta poco, pero dice que lo ha escrito todo, todo; que su tesis de licenciatura será sobre situación de los barcos abandonados y que cuando llegue a la universidad --si es que lo consigue--, nadie, absolutamente nadie, se quedará sin saber qué pasa en Ceuta y en los puertos del mundo. "Ellos solo piden lo que les toca por derecho: su salario", dice.
Pero ahora no puede pensar ni en derechos ni en salarios. Armado con una bolsa negra, el pasaporte y unas zapatillas de deporte, le toca correr en esta tierra extraña, donde nadie habla ni turco ni inglés. Que es África, pero es España. Que es cristiana y musulmana. Que es tierra de kife, pese a la persecución de la policía.
15.00 horas: El hermano de Ilyas ya le ha consignado los 450 euros en una oficina de Western Union en Izmir. A esa hora, vamos a la sucursal en Ceuta. Entramos como dos almas demasiado atareadas para guardar las formas. El hombre de la oficina primero se extraña; luego es amable. No puede creer la historia que vive Ilyas --"¿Aquí en Ceuta pasa esto?", pregunta pese a que la oficina está en el mismo puerto-- y nos deja utilizar su ordenador para consultar internet.
En Ceuta, los cafés internet no son muchos y aunque parezca raro cerca del puerto no hay ninguno. Queremos ver cuánto cuesta un billete a Estambul: unos 800 euros. A los tres nos parece caro y el mismo oficinista se pone a buscar un billete para encontrar alguna oferta. No aparece en toda la red. Son 800 euros o quedarse en tierra y perder el curso.
16.30 horas: Nos dirigimos a la oficina de la consignataria. Llevamos el dinero para la gestión, pero el empleado insiste en que necesitamos el billete de avión para poder tramitar el visado. El muchacho llama a su hermamo y, a medida que avanza la conversación, nos damos cuenta de que hay un problema. "Mi hermano le ha dado el dinero al mánager --dice Ilyas--. En la oficina del mánager lo compran y nos lo envían por internet". No sabemos cuánto dinero le ha dado o más bien cuánto le han pedido. De hecho, esto nunca lo sabremos. Leer más