Una campaña electoral es un microcosmos, una burbuja. No es extraño que los candidatos y el circo que les rodea vivan estas dos semanas como autómatas. Concentrados en repetir a todas horas sus siglas y consignas, como un mantra. Este ensimismamiento les hace creer que son el centro del mundo, pero el resto de los mortales tenemos pruebas de que no es así. Veamos, por ejemplo, que dice san Google. Si tecleamos las siglas de los partidos más famosos y nada más, comrpobaremos que, entre muchos otras cosas, PSC es también la Comisión para el Salmón en el Pacífico; CiU es la Cámara de Industrias de Uruguay; ERC es la Copa Europea de Rugby; PP es la revista Percepciones y Psicofísicas, e ICV es el Instituto Cooperativo del Vino. Freud haría maravillas con este tipo de asociaciones.

La página del Ministerio de Interior también puede procurar una cura de humildad para tanto egotismo partidista. En ella se puede consultar la lista de todos los partidos que existen en España actualmente, registrados hasta el pasado 29 de abril. Entre los últimos en llegar encontramos Transparència per Castellbisbal, Salvemos Telemadrid, Ja Pallejà o Amanecer Democrático Nacional (no es el único, por cierto, cuyo nombre parece el título de una novela de Paulo Coelho). La lectura minuciosa de la lista resulta un gran entretenimiento: ahí están Independientes de Anna (es un pueblo valenciano), Amor per Alella (cuando la política se vuelve erotismo), Ciutadans per Maragall, Boadilla Vive (no confundir con Boadella, que también vive), Muerte Al Sistema (!), Resurgir Hispánico (!!) y el Partido Pirata Español. Es este un experimento interesante, pues es el primero nacido dentro de internet, con ramificaciones en otros países, que defiende “la neutralidad de la red” y está “contra las patentes de software”. De momento no se presentan a las elecciones del mundo real.