En unas elecciones, todo cuenta y todo se aprovecha. Ningún argumento, por pequeño que sea, se libra de entrar en campaña por la vía del reciclaje. Tomemos la abstención, por ejemplo. Hace unos días, Jordi Pujol advirtió en Girona de que el “desánimo” general puede provocar una amplia abstención el 27 de mayo, y barriendo para casa añadió que algunos de los que la temen son precisamente los responsables. Entretanto, Esperanza García, la candidata para Barcelona de Ciutadans (C’s, por cierto que siglas más camp, en la tradición de esos bares de playa llamados Mariano’s o Pepe’s), confía “en la abstención tradicional para entrar en el ayuntamiento”.

La abstención es el grado cero de las elecciones, o el cero en la ruleta, ni par ni impar. Hay gente que se abstiene porque sí, y otra porque no, y hay otros que ni saben que se convocan elecciones. Pero ni siquiera así se escapan, porque por los intersticios siempre se cuelan los adjetivos: es entonces cuando aparece la abstención activa. En V de no Votes tienen un lema: “Abstención, lo que más les duele” y en ese “les” cabe toda la clase política, a sabiendas de que “tu voto legitima su corrupción”. Las razones de la abstención activa, también llamada insumisión electoral, las comparten los movimientos anarquistas (www.cnt.es) y antisistema (ww.insurgente.org).
La democracia ya prevé un espacio para los descontentos: el voto en blanco, y sus defensores merecen artículo aparte, pero, puestos a buscar adjetivos, encontramos también a los defensores del voto nulo “consciente” o “voluntario”. Así, la Liga Vecinal de Redondela, en Galicia, pide el voto nulo para las municipales (www.indiredo.com). En su web se pueden descargar papeletas para hacer efectivo el voto nulo. Es una buena idea y quizá deberían existir más páginas así: quien haya estado en una mesa sabe que, a la hora de recuento, de los sobres sale cada cosa...