La Liga ya es azulgrana por mucho que los números sigan retrasando lo que es de justicia. El Barça merece el título, por su juego y filosofía, algo que Guardiola no traicionó. Atacó y atacó. Felicidades.

Matemáticas aparte, Liga ganada. Era el día, el momento, el escenario, el rival, para certificar lo que ya se sabía: que el Barça es el digno campeón. En el deporte, en el 90% de los casos, hay justicia. Y el sábado, en el Bernabéu, no hubo lugar para dudas. Antes del partido había dos cosas. Una, que el Barça había sumado muchos puntos, marcado muchos goles y encajado menos que nadie. Y todo con una apuesta que a todo el mundo le gustaba. En el otro rincón del cuadrilátero, el Madrid. Una vuelta entera sin perder: 17 victorias y un empate de 18 partidos. Numéricamente había hecho el imposible. La diferencia entre unos y otros era el cómo. Con la salvedad de los más madridistas, el partido ya salía con un 2 fijo por las simpatías que despertaban los dos aspirantes.
¿Por qué salió Guardiola con todo? Era el Bernabéu, sí, pero no lo hizo por prestigio. Salió con todo porque era el día, era el momento en el que se decidía un título. Salió con todo porque fue fiel a lo que ha defendido mil veces a lo largo de esta temporada. El partido más importante es el que te toca jugar, no el que viene. Y si encima puedes ganar un título, hazlo por la vía rápida y evita complicaciones.

Sin pensar en Londres
Seguramente hubiera reservado a alguien con nueve puntos de ventaja, pero con solo cuatro y otras tantas jornadas por delante, prohibió a sus jugadores mirar al Chelsea. Ni de reojo. El partido del miércoles es otro, con otras circunstancias. ¿Por qué salió Guardiola con todo? Porque ha sido así en la gran mayoría de partidos. Porque el equipo se ha acostumbrado a jugar de una forma muy concreta. Su decisión se basó en dos cosas: rendimiento probado y autoconfianza de los futbolistas. Se sienten a gusto jugando así. No hay más. O sí, hubo algún matiz de pizarra. Como volcar a Etoo a la derecha y meter a Messi entre líneas. Se encontró tantas veces con Xavi e Iniesta, que al Madrid el balón le desapareció.
Los centrales del Madrid son buenos si tienen una marca de referencia. En cuanto la perdieron, se sintieron incómodos. Bien pensado por parte de Guardiola y muy bien ejecutado por sus futbolistas. Y no solo los tres pequeños. Todos hicieron lo que tenían que hacer, sin buscar la gloria personal. Nadie quiso figurar, y eso que era el día, el escenario y el rival para caer en la tentación.
A los tres pequeños les bastó su calidad y su proximidad para asociarse con éxito. En cambio, el trabajo de Etoo en la banda fue, para mí, algo digno de elogio. Para que los otros pudiesen brillar, él tenía que hacerlo muy bien en un sitio que no es el suyo. De vez en cuando hay que sacrificarse y él lo hizo a sabiendas de que difícilmente sumaría mucho en su objetivo individual: la Bota de Oro. Antepuso el equipo a su interés. Para mí, dos pasos hacia delante en su madurez. En cuanto a Henry, otra vez ese comentario por sus dos goles: el Henry del Arsenal. No, dos pases en profundidad como los que recibía en el Arsenal, que es muy distinto. Técnicamente, el mismo futbolista.

El listo de Hiddink
Y el miércoles, el Chelsea. ¿Repetirá la fórmula en ataque Guardiola? El Barça ha demostrado con creces que jugando a lo suyo es muy fuerte. Pero el rival también lo ve. Y Hiddink va a tomar medidas para evitarlo. ¿Cuáles? No lo sabemos aún. En el Camp Nou, ya fue muy listo. Desactivó la presión del Barça arriba, redujo a casi cero la pérdida de balones cerca de su portería, saltándose el centro del campo barcelonista. Con eso desactivó una calidad del rival. ¿Me gustó? Para nada. ¿Le entiendo? Desgraciadamente, sí. En un partido en mayúsculas, buscó la ventaja para los suyos. Tras este Madrid-Barça, Hiddink vuelve a tener una referencia de otras variantes del Barça con las que trabajar y adaptarse para combatirlas. En el fútbol, dos y dos no siempre dan cuatro y menos si en frente tienes a un zorro viejo como Guus. Lo que funcionó a las mil maravillas en el Bernabéu puede no salir igual en Stanford Bridge. De lo que no hay duda es de que el Barça será fiel a sí mismo, que tiene recursos más allá de talento individual y que tiene una ventaja de salida: le valen dos de los tres resultados posibles. Como en el Bernabéu.

Casillas, el mejor
Y por más que se llegue a la prórroga, el Barça normalmente marca. En casa y fuera. Lo raro es meter seis. En su caso, ni eso. Metió media docena, pero a la vez hizo de Casillas el mejor jugador del Madrid. Y eso es sinónimo de ir a buscar siempre la portería. Por eso, porque hablamos de un equipo que disfruta y hace disfrutar, me sorprendió negativamente que el partido acabara exactamente en el minuto 90. Ni un segundo extra con un montón de sustituciones. Y que no me vengan que es para acabar con una humillación para el local. ¿Y los que disfrutan y hacen disfrutar? ¿Esos no cuentan?