Pep Guardiola no busca entrar en el libro de los récords con un número determinado de victorias consecutivas. Lo que quiere es ganar la Liga. Y, si puede, también la Champions. Y en ello está; él y el equipo. 

Me gustaría poder disfrutar de este Barça, o mejor dicho, del momento que está atravesando sin tener que caer en las odiosas comparaciones. Me gustaría disfrutar de esta fase dulce de juego, goles y resultados, sin ver --porque se ve, se nota, se oye-- cómo se minimiza a Rijkaard para engrandecer a Guardiola. Y me cansa esta cantinela de tantos partidos consecutivos ganados. Entre unos y otros, lo han logrado.

Nos lo sabemos de memoria: total de victorias consecutivas de Rijkaard, 18.

Guardiola lleva 11, así que tenemos tema recurrente para varias semanas mientras sumen de tres en tres. Eso es meter presión al equipo. Y más presión sentirán si se acercan a esa cifra que para algunos parece mágica. Y no lo es. No hay premio alguno para la victoria 18. Ni para la 19. Ni el equipo será menos de todo si cae o empata en la 12 (mañana) o en la 17. La racha en si es una pura anécdota. Tanto, que Guardiola no persigue entrar en ningún libro Guinness del club por ello, sino por hacer algo grande. Lo que el técnico quiere no son anécdotas, sino ganar la Liga. Y puestos a querer, quiere la Champions.

Las comparaciones
Este es el Barça de Guardiola, no el Dream Team. Es el equipo de Guardiola, no el de Rijkaard. Cada conjunto y cada época son diferentes. El recorrido de Guardiola al frente del primer equipo es, no corto, sino mínimo, para comparar nada. Dos meses de competición, por muy buenos que sean, nunca pueden utilizarse para emitir sentencias del tipo: "qué bien estamos con Pep" y "qué mal estábamos con Rijkaard". Dos meses frente a cinco temporadas.

Cinco años dan para pasar por muchos momentos buenos y malos. Dos meses, y más si estás en racha, solo dan para creerte en el mágico mundo de colores. Y los cinco años de Rijkaard son cinco, no los dos últimos. Ahora parece que todo lo hecho por Frank sea malo. Este club solo tiene dos Copas de Europa. Y una es de Rijkaard. Y si Guardiola, su Barça, su sello, nos está enganchando y de qué manera en dos meses, el técnico holandés, su Barça, su sello, nos enganchó y de qué manera, no menos de dos temporadas y media. Y el sello futbolístico de uno y otro, la verdad, difiere solo en pequeños detalles.

Si el calendario fuese más flexible, el Barça podría haber hecho fuerza para posponer el partido en La Rosaleda. Si, una vez más, la Copa se jugase a partido único, habría alguna que otra fecha libre y además nos ahorraríamos el papelón de algunos grandes frente a los pequeños sabiendo que siempre queda el partido de vuelta de Copa. Calendario en mano, a jugar en Málaga y a adaptarse al campo lo mejor posible. A jugar lo mínimo por el suelo y lo máximo segundos balones. No es fácil porque no es tu estilo, pero, en líneas generales, todos los futbolistas supieron aplicarlo. Detrás, dos centrales altos y un lateral (Puyol) más ocupado en defender que en atacar.

En el medio, centímetros con Touré y Busquets. Y delante, buena presión de los delanteros para complicar la salida del balón de los defensas contrarios. Cuatro goles marcados y todos distintos. Uno por arriba (Xavi), uno por abajo (Messi), uno de falta directa (Xavi) y otro de cañonazo de falta (Alves) buscando portería o lo que se dio, un mal rechace. Gol de manual Si tengo que elegir un gol, el segundo de Xavi. Por la ejecución, tres toques y a dentro.

Por la precisión, centro, asistencia y remate a la primera. Y porque se hizo pasando por alto algo que parece obligado para este grupo de futbolistas: un buen terreno de juego. Todo por arriba y todo bien hecho. No marcó Etoo --uno al que también presionaron en forma de portadas al recordarle lo gran pichichi que es ahora mismo frente a otros grandes delanteros--, pero el camerunés completó un gran partido a nivel solidario y de trabajo. No marcó, pero ese 1-3 hubiera sido imposible sin su centro medido. Y no marcó Henry, pero su entrada en el campo por Iniesta fue un acierto. Porque, de todos, Henry es el más acostumbrado a jugar con lluvia, barro y por alto.

Y por alto llegó su asistencia a Xavi. Falsas creencias No marcó Etoo ni Henry, pero en Bilbao, por ejemplo, el único gol del camerunés llegó con un pase del francés. ¿Debería de haber salido de inicio? Eso es caer en la falsa creencia de titulares y suplentes.

Los partidos se plantean con 14, los 11 de salida más tres cambios. Siempre intentando guardarte algo de pólvora en el banquillo para cambiar o incidir en una dinámica. ¿Debería Messi haber sido suplente teniendo en cuenta las condiciones de juego? Los pequeños, dentro del área, siempre arrancan más rápido. Y de balones rechazados que quedan cortos en el interior del área siempre hay más en un partido pasado por agua. Así cazó su gol.