Iniesta abraza a Etoo en la banda, el sábado en el Camp Nou.Ante el Atlético disfruté como todos. Por los seis goles, pero más por lo que transmite este Barça. El proyecto de Guardiola está en la buena vía. Ahora hay que seguir trabajando y no creérselo.

El Barça está en el buen camino. Que ya es mucho. Pero el camino no ha hecho más que empezar. Ahora, a digerir los elogios. Prohibido creérselo y a seguir trabajando. Porque valen lo mismo los tres puntos de un 6 a 1 que los que ganas en los últimos minutos (Betis) o en el tiempo añadido (Espanyol y Shaktar). Es más, a mí me dicen mucho más estos tres partidos seguidos ganados in extremis --partidos que en otras ocasiones anteriores quizá ni empatabas--, que no el festival de goles que se dio el equipo el sábado. Porque lo último es consecuencia de lo primero.

Puedes estar de pega, y aun jugando de cine, no pasar del empate (Racing). Puedes merecer golear en un primer tiempo y acabar sufriendo para imponerte al contrario (Betis). Te hinchas de ocasiones y resulta que ganas en el añadido y de penalti (Espanyol). Pruebas una cosa nueva en Ucrania, y no sale; rectificas en el descanso, y acabas dándole la vuelta al marcador de un partido feo.

La cuestión es que sabes a qué quieres jugar, cómo quieres jugar, y con quién quieres hacerlo. ¿Que Guardiola tiene una flor? La flor es ganar cuando no lo mereces. Y su equipo --ahora jugando este, ahora jugando aquel y repitiendo siempre los que están más en forma--, se está dejando el alma para ganar cada vez que salta al campo. Con altibajos, faltaría más, pero demostrando la ambición de querer ganar del primer al último minuto. Y es ese último minuto de gloria el que lleva a la confusión. Ganar in extremis no es flor. Ganar in extremis es el premio a una idea, a una convicción: la de que puedes ganar aunque sea en el último instante. Y cuando lo consigues, y no una vez, sino varias seguidas, la confianza se dispara.

¿Cuestión de suerte?
Hasta que llega el día en el que cosa que haces, cosa que sale. Como el sábado ante el Atlético de Madrid. Córner y gol. Penalti señalado y gol. Falta de listos y gol. 3-0 en ocho minutos. Pero esto ocurre muy de vez en cuando. Podías haber sacado el córner y el remate de Márquez haber ido fuera. El árbitro podía haber pasado por alto el penalti. Y Messi, haber marrado su lanzamiento de falta. Unas jornadas atrás, eso hubiera estado en consonancia con la suerte obtenida hasta entonces. Pero no hay posibilidad de que llegue el remate de Márquez si antes no atacas por banda (Iniesta) y fuerzas un córner. Y no hay posibilidad de penalti si antes no atacas y lanzas un buen pase (Xavi) al interior del área. Y no hay posibilidad de marcar de falta si antes no armas una contra colectiva creando tal caos en los centrales rivales que hay no una, sino dos faltas (a Eto'o y a Messi) en la frontal.Luego puedes estar más listo o más acertado, pero tú, en ocho minutos, ya has presentado tus credenciales: voy a por el partido. El balón es mío y lo voy a mover rápido. Credenciales que tú ya presentaste en otros partidos, pero en los que te falló lo que el sábado parecía lo más fácil del mundo: ejecutar con acierto el último pase y el remate final para poder cantar el gol. La diferencia es esta, tan fina como decisiva. No más. Así de fácil.

Punto medio
Elogios, todos merecidos. Pero el exceso marea, atonta, distrae. Lo importante es quedarte en el punto medio, ni tanto (hoy) ni tan poco (hace cuatro días). Por que en el fondo hemos visto el mismo Barça. Más o menos acertado en lo individual, pero con la misma idea de fútbol en lo colectivo. Sumando la previa de la Champions no llevamos ni dos meses de competición. Diez partidos oficiales. Siete victorias, un empate y dos derrotas (una anecdótica, la vuelta en Cracovia).

Resultados en mano, un rendimiento espectacular para un proyecto que simplemente ha arrancado y en el que unos y otros están acoplando piezas, automatismos y asimilando conceptos. Resultados, en mano, un rendimiento espectacular. Y más que lo parece ahora tras el 6 a 1 al Atlético de Madrid.

De lo que estoy convencido es de que, de haber sumado tres puntos, merecidos igual, pero en el último minuto con flor final, ahora seguirían siendo muchos los escépticos del rendimiento de este equipo. Cada uno es libre de pensar y vaticinar lo que quiera.

Motivo de optimismo
El sábado disfruté como todos. Por lo que entró y lo que no entró. Pero lo que me hace ser optimista no es el escandaloso resultado final. Tampoco el haberse logrado ante un rival directo. Lo que me hace ser optimista es lo que transmite el equipo cuando sale al campo. Puedes estar más o menos acertado en el gol, pero la idea --y eso es lo que cuenta-- es ir a buscarlo. Marcar hasta cinco en medio tiempo casi es un accidente, como lo es el encajar siempre uno en dos, una o incluso media ocasión del rival. El marcador final es una cosa. Y otra muy distinta lo que han hecho unos y otros para merecerlo.