El fútbol es para el espectador. Por tanto, cada uno de nosotros debería de hacerse esta pregunta: ¿Qué quiero que haga mi equipo? Yo, que mande en el campo. Que intente atacar siempre.

El fútbol es para el espectador. Por tanto, cada uno de nosotros debería de hacerse esta pregunta: ¿Qué quiero que haga mi equipo? Yo, que mande en el campo. Que lleve la iniciativa. Que intente atacar siempre. Para mí, este es el punto de partida. Atacar bien para defender mejor. La cuestión estriba en el cómo.

De la derrota en Soria hace ya una semana, y ese 1-0 en Los Pajaritos, seguirá en la cabeza de muchos otra semana más. Es lo que tiene arrancar la Liga y tener que esperar dos semanas para la jornada siguiente. Si la gran referencia del nuevo proyecto de Guardiola es ese único y solitario partido ante el Numancia, allá cada uno con las conclusiones que haya sacado. Para mí, solo hay una e inapelable: son tres puntos no ganados. A partir de este hecho, el único para el que no hay vuelta atrás, solo veo margen de mejora. Y una vez más, la cuestión estriba en cómo.

Cómo jugar mejor con los elementos de que dispones. Y por jugar mejor me refiero a cómo llevar la iniciativa, cómo mandar en el campo, y traducir tu calidad en rendimiento. Perder, siempre puedes perder. Como en Soria, donde aún sin jugar bien, se crearon ocasiones. El Barça falló y ellos no: enchufaron la que tuvieron.

Posición y mucho ritmo
Lo que le pido al equipo, a este grupo, lo que espero de ellos --porque lo pueden hacer bien-- es que se apliquen en dos facetas: en el juego de posición y en el ritmo de balón. El ritmo de balón solo se aumenta si se juega a uno o dos toques. Y esto empieza desde atrás. Si se va rápido, el rival no tiene tiempo a organizarse. Obviamente, que esto se puede provocar por la vía directa con un pase largo, pero si juegas contra un rival con 10 atrás --¡que habrá muchos Numancias!--, la vía para conseguir los espacios es otra.

No se trata de correr mucho y por libre, sino de correr lo justo en un juego de equipo. Para mí, intensidad nunca es correr más, sino hacer bien lo que debes hacer en cada momento. Y eso es ritmo de balón y juego de posición. Yo tengo el balón, toco y conduzco; lo paso y sigo. Mal hecho. Yo tengo el balón, lo paso y me quedo. Y lo paso lo mejor que puedo --difícil porque es a uno o dos toques-- y me concentro en dos cosas: el pase y en mantener mi posición en el campo. En cuanto esto se repite en más de un jugador, surgen los espacios y con ellos, la posibilidad de un pase más vertical, de una pared mágica, de una aparición desde la segunda línea o de probar el disparo desde lejos.

Es que falta un jugador de banda izquierda... Ojalá todo fuera tan sencillo como esto. Yo no buscaría un culpable en esa ausencia, porque el fútbol es un juego de equipo y en el caso del Barça, todavía más. Sin ir más lejos, el España-Bosnia del sábado puede aportar luz en este sentido. Pensemos en Diego Capel, extremo titular por la izquierda. Rápido, descarado, buscando siempre el uno contra uno... Sin embargo, su obstinación por agradar en su estreno incidió negativamente en el juego de toque y movilidad de todo el equipo.

Nadie le puede reprochar falta de intensidad, todo lo contrario, pero ese exceso de conducción --hasta que la perdía o le hacían falta-- cortó el ritmo habitual del campeón de Europa. Una cosa es buscarse la vida por libre, como recurso, de vez en cuando, para así intentar sorprender. Y otra es hacerlo de forma sistemática. Así, difícilmente sorprendes ni ayudas a tus compañeros. Igual sale una, pero los compañeros se convierten en simples espectadores y acaban por no saber qué hacer: si acompañar, si quedarse, o empezar a mirar hacia atrás por si se la roban. La selección española movía el balón como se había acostumbrado en el Europeo, pero en cuanto le llegaba al sevillista, este se lo quedaba en propiedad. Así no se juega en equipo. Pecado de juventud.

Desde el punto de vista del Barça, no es una cuestión de tener o no tener extremos, sino de abrir o no el campo. No es una cuestión de jugar o no con extremos puros, sino de mantener el juego de posición en la banda y soltar el balón rápido. La cuestión no es lamentarse por el que no está, sino intentar encajar las piezas con las que entrenas. Hay calidad. Miro la nómina de delanteros y no me parece corta: Messi, Henry, Eto'o, Bojan, dos canteranos con perfil más de extremo (Pedro y Jeffren) y dos tipos que siempre te pueden aportar cosas en la banda sin ser delanteros natos (Hleb e Iniesta).

Una plantilla de 21
Podrías tener una plantilla de 26, seguro, pero yo prefiero la actual de 21 --tres porteros incluidos-- más dos canteranos. Así, nadie se escapa de ser observado. Nadie puede esconderse. Y todos saben que han de estar preparados para jugar en cualquier momento. Porque habrá sanciones y lesiones. Entrena con 21 y siempre habrá intensidad. Entrena con 26 y cambian las cosas: la intensidad no es la misma. Es imposible estar encima de tanta gente.