Estoy convencido de que mañana puede ser un gran día para los barcelonistas. Pero para conseguirlo el Barça tendrá que imponer el estilo que le es propio. Todo lo demás será agarrarse a la suerte.

Llegues o no a la final de Moscú, el partido de mañana en Old Trafford marcará la convivencia en Barcelona, y en el Barcelona, hasta el final de temporada. Si caes, ¿qué te queda? En el mejor de los casos, intentar asegurar el segundo puesto de la Liga. En el peor, no caer más abajo del cuarto puesto. Y eso, más allá de los temores de algunos, estoy convencido de que no ocurrirá. El Barça, con o sin final de Moscú, no acabará por debajo del cuarto puesto.

El partido de Riazor no es referencia de nada. A tres días vista del "partido" entiendo que te dejes a medio equipo titular en Barcelona. Y que el otro medio juegue poco o nada. Y que te plantes en Riazor con un once que no es el equipo tipo y que salgas trasquilado. Pero una cosa es hacerlo a 72 horas de jugarte una final de la Champions y otra muy distinta seguir haciendo lo mismo de aquí hasta el final.

Si mañana caes en Manchester, fijos, dudosos y descartados --proporcionalmente de más a menos-- tendrán que competir sí o sí para no hacer más el ridículo de lo que ya han hecho en la Liga. Y los que tendrán que tirar del carro serán los fijos. Si mañana eliminas al Manchester, tienes cinco partidos en tres semanas. Cuatro de Liga. ¿Tres semanas reservando a éste y aquel por haber llegado a la final de la Champions? Seguro que no. Tendrás que hacer exactamente lo contrario.

La rutina de jugar
Para preparar bien un partido lo más importante es jugar partidos. Y no hay manera más sencilla para estar en forma que jugando. La rutina de los que más juegan es jugar, no descansar en exceso. Y mucho menos pegarse un parón de tres semanas. Y solo si no hay nada en juego en la última jornada (Murcia) entenderemos que se repita la historia de A Coruña.

Fijos, dudosos y descartados. A estas alturas de la temporada, los técnicos ya saben de qué pie calza cada uno. Los fijos están claros. También los descartados. Pero la lista de los dudosos todavía baila. Esta siempre baila hasta el último día. Y lo saben los interesados. O lo intuyen. Yo, de ellos, intentaría sumar en lugar de restar. Cinco partidos en tres semanas que van a disipar las posibles dudas que haya. Pongamos que llegas a la final de Moscú. Pongamos una cifra de dudosos a día de hoy: siete, por decir algo. Siete que pueden ser cinco si ganas la final. O siete que pueden ser 10 si la pierdes y encima no das la talla en lo que queda de Liga. Si sabes que te puede ir el salir o quedarte del Barça por lo que hagas en los próximos cinco partidos es de necios desperdiciar la ocasión y no dar lo máximo de uno mismo.

El partido de mañana es otra historia. Un caso aislado. En Old Trafford no hay favorito. Y sí un balón en juego. Y mientras tú lo tengas y juegues a tú manera, ellos difícilmente harán algo. Las normas básicas a seguir, las mismas que en la ida en el Camp Nou: nada de tonterías (tipo manos y penalty como hizo Milito), nada de perder balones horizontales (Iniesta perdió uno y casi cuesta un gol o un penalty y expulsión) y nada de encerrarte. ¿Miedo a que salgan como fieras? Si tú tienes el balón, las fieras acabaran sacando la lengua. Si tú tienes el balón, el pase y el toque siempre hacia delante, no hacia tu portero. Si lo retrasas a Valdés y este se lo saca de un puntapié, el balón será casi siempre para ellos e hipotecará tu juego de posición.

El ritmo del balón
¿Puede jugar el Barça en Manchester como lo hizo en el Camp Nou? Es decir, ¿jugando casi siempre en campo rival, tocando, presionando y robando? No solo puede, sino que debe. Pero mejorando, y mucho, en un aspecto: el ritmo de balón. Porque ello determina la profundidad y los espacios que te creas. Desconozco si Ferguson irá directamente a por el partido o si saldrá con precauciones para ir madurando el encuentro. Con un empate a cero de partida todo es posible. ¿Excesivamente defensivo en la ida? Yo creo que el Barça cayó en su trampa. Tan atrás, Ferguson consiguió dos cosas: minimizar la posibilidad de conceder lanzamientos de falta al borde del área y crear una falsa sensación de dominio local.

Flotando, que no entrando, el Manchester invitó a los de Rijkaard a recibir, levantar la cabeza y tocar una, dos, tres, cuatro, cinco veces antes de soltarla. Y así del uno al otro. Y así todo se tornó más lento, sin espacios, y por tanto, más fácil de defender. El grado máximo de la técnica no es tocarla cinco veces, sino tocar una, dos máximo y soltarla.

Si antes de la ida ya creía en el respeto del Manchester al Barça y en que las posibilidades, como mínimo, eran las mismas para unos que para otros, ahora estoy convencido de que, de hacer las cosas bien --perdón, muy bien--, mañana puede ser un gran día para los barcelonistas. De entrada, ya sales con dos resultados a tu favor, la victoria y el empate con goles. Pero para lograrlo el Barça tendrá que imponer el estilo que le es propio. Todo lo demás será agarrarse a la suerte.