lunes, 11 de febrero de 2008 1:38
Johan Cruyff
La culpa es del centro del campo
El pésimo juego de posición que aplicaron los centrocampistas azulgranas ante el Sevilla, y el exceso de toques y conducciones de balón insufribles, debilitaron tanto a la defensa como al ataque del Barça.
El Madrid gana y el Barça, no. La diferencia entre ambos sube a los ocho puntos. Muy bien, pero, sinceramente, la historia empieza a sonar cansina. Que si adiós a la Liga, que si ahora no, que si todos a una, que si todos por libre... Queda mucho. Y por más paliza del Madrid al Valladolid, y por más empate, y gracias, del Barça ante el Sevilla, lo más normal es que sigamos instalados en esta especie de montaña rusa hasta el final.
A nivel individual, el Sevilla-Barça del sábado podríamos resumirlo con dos nombres: Xavi y Valdés. Uno, por su gol; el otro, por sus paradas. El problema es que esto es un deporte que se ha de jugar como un equipo, justo lo que no supo hacer el Barça. Y los centrocampistas tuvieron gran parte de culpa. ¿Fantástico Valdés? Seguro. Su temporada está siendo de 10. Pero si el sábado le vimos fenomenal no fue tanto por su momento de forma como por los errores de sus centrocampistas. Que a Valdés le hagan grande los delanteros rivales tiene un pase. Que sean sus compañeros los que le compliquen la vida es, por reiteración, algo a lo que se debe poner remedio.
Pésima posición
De entrada, la excusa de las muchas bajas no sirve. Los tres centrocampistas de salida (Edmilson, Xavi e Iniesta) no eran precisamente la primera vez que jugaban juntos. Ni tampoco los defensas ni los delanteros. Otra cosa es el pésimo juego de posición que aplicaron, básicamente en el centro del campo. Y ello mermó a todos. A los de atrás, y a los de delante.
Sabías de la calidad del Sevilla, sabías que uno de sus puntos fuertes es la velocidad con la que sale en cuanto recupera el balón. Sabiendo eso, prohibido los pases horizontales. Y de esos, el Barça abusó. Prohibido jugar a cinco y seis toques. Y de esas conducciones insufribles, el Barça también abusó. Prohibido recibir el balón de tus defensas siempre de espaldas, bajando una y otra vez a buscarlo, tardando una vida en darte la vuelta. Y de eso, también se abusó.
Si, como digo muchas veces, el barómetro y el ritmo de un partido lo marcan los centrocampistas, ahí se suspendió. Todos querían hacer demasiadas cosas. Y del exceso salen los errores. El fútbol, mejor cuanto más sencillo. ¿Cómo llegó el gol de Xavi? Con dos toques. Uno para asistir al espacio y el otro para rematar a portería.
Una vez más el viejo concepto bien aplicado del juego de posición y ritmo de balón. Si mi centrocampista de la derecha baja a recibir el balón, no es lógico que mi centrocampista más centrado baje a su altura. De ahí solo puede salir un pase horizontal. Como centrocampista, a mayor conducción de balón, menos margen de sorpresa. Si yo toco y toco mientras subo, mi delantero acabará por recular hacia atrás para no caer en fuera de juego. Es decir, yo subo entre cinco y diez metros y mi delantero acaba por bajar esa misma distancia. Otra vez en línea. Otro pase prácticamente horizontal. Y cuando lo recibe, de espaldas, y con él, los defensas pegados. Recibiendo así da igual los delanteros que alinees: parecerán peores de lo que son.
Propuesta absurda
Punto y a parte es la noticia que llega de Inglaterra sobre la posibilidad de añadir una jornada extra a la Premier y que esta se juegue en varios puntos del planeta. Y cuanto más lejos y exóticos, mejor. Todo por la pasta, claro. Me parece absurdo. Lo mires como lo mires. Una Liga, en casa y ante tu afición. Siempre.
Luego está el factor de las fechas. ¿Otra más a añadir a un calendario sobreexplotado? Y el factor lejanía. Asia y América. O lo que es lo mismo: aviones, cansancio, cambios de horario... Me imagino que todo parte de una idea equivocada: copiar algunos tics del deporte profesional de EEUU. Como ellos exportan algunos partidos y parece que les va bien, nosotros no seremos menos. Podemos no ser menos, pero no somos iguales. No, partiendo de la base de que todos los deporte estrella de ese país --fútbol americano, béisbol, básquet y hochey sobre hielo-- duran exactamente seis meses. Nuestro fútbol dura casi 11.
Otro profesionalismo
Tampoco tiene nada que ver el profesionalismo en EEUU que en Europa. Mientras aquí los políticos tratan a los deportistas como un trabajador más, allí el deportista tiene un estatus distinto. El fichaje de Gasol por los Lakers es el mejor ejemplo: por la mañana se entrena con los Grizzlies, le llaman al despacho y, por la tarde, viaja a Los Ángeles para fichar. Ni le preguntaron si le gustaba o no.
Gasol subió un peldaño en su carrera. Perfecto. Pero, ¿y los otros? ¿Y los que hicieron el viaje a la inversa? De los Lakers a los Grizzlies en el mismo abrir y cerrar de ojos. Sin voz ni voto. Allí las decisiones se toman rápido. Aquí nadie se mueve si no quiere. Y si me muevo, a discutir el cómo, el dónde y el cuánto con el representante de turno.