domingo, 27 de enero de 2008 23:47
Johan Cruyff
Valdés, a la altura de Casillas
Cuando se habla de fichajes, siempre se piensa en estrellas. Pero no hay que confundir rendimiento con espectacularidad. Y un equipo solo funciona como colectivo. A mí uno que va por libre no me vale.
¿A qué jugador ficharías para tu equipo? De entrada, esta pregunta tiene trampa. Porque no es lo mismo un portero que un delantero centro. ¿Un centrocampista? Muy bien. ¿De qué tipo? ¿Roba balones o reparte balones? ¿Con buen disparo de lejos o mejor que viva cerca de mis centrales? ¿Y por banda? ¿Un lateral de largo recorrido? ¿Solo uno? Tal vez mejor dos, uno por banda. No, igual con el derecho ya paso porque en la izquierda ya tengo un extremo que se atreve con el uno contra uno y me abre el campo. O no, de eso tampoco tengo. Un delantero. Sí, un delantero siempre hace falta. ¿Pero de qué tipo? ¿De los que aguantan bien el balón, marcan la defensa contraria y luego asisten para la segunda jugada de un compañero? No, mejor pequeño y rápido, un bala. Y si no, uno que no se lo piense, pam y dentro. ¿Y uno que tenga un poco de todos? Eso sería la monda. Y si además lo conoce todo el mundo, si es archifamoso, mejor que mejor.
¿A quién ficharías para tu equipo? Tú, no sé; yo, el que necesitase para completarlo. Primero mira qué tienes y qué te falta. Y siempre en base a tener claro a qué vas a jugar y cómo lo aplicarás. Y sobre todo, prohibido confundir rendimiento con espectacularidad. Porque una cosa es eficacia y otra fuegos artificiales. Lo segundo siempre llama la atención. Lo primero te da títulos. O al menos, opción a ganarlos. Y si la eficacia va unida a cierta calidad, bingo.
A mí, uno que va por libre en el campo no me vale. Un egoísta no me sirve para nada. Porque, en contra de lo que muchos piensan, un solo jugador únicamente tira de la nave puntualmente y a corto plazo. A la larga, un equipo basado en un solo jugador siempre acabará estrellándose. Porque el fútbol es equipo y solo a través del rendimiento del colectivo se llega al premio final. Por eso digo que la pregunta de a qué jugador ficharías tiene trampa. Porque es imposible resumirlo todo en uno o dos nombres.
Y de futbolistas hay de muchos tipos. De entrada, necesitas a los tipos no brillantes pero que siempre están ahí para ayudar a los brillantes. Yo, en mi época de los Stoitchov, Laudrup o Romário siempre sabía que podía contar con uno infinitamente menos brillante: Eusebio. Cada uno tenía su rol, cada uno hacía su labor, pero lo que daba forma a ese equipo eran los tipos como Eusebio, siempre a punto para trabajar para los de mayor talento.
Gente que te aguanta el tirón en las épocas menos buenas. Como Maldini en el Milan. Evidentemente que en este Milan la estrella es Kaká, y no Maldini, pero tipos fieles y regulares como Maldini impregnan a sus compañeros de esta seriedad en el trabajo. Tipos como Raúl en el Madrid siempre tendrán mi admiración y respeto. Estén mejor o peor. O como Buffon en la Juventus. Cuando bajaron a la Juve a Segunda estoy seguro que tuvo la opción de marcharse. Y no lo hizo por fidelidad. Los que aseguran que esto no existe entre los profesionales se equivocan en cuanto aparecen casos como este.
Las etiquetas de estrella se ponen muy rápido, pero para mí jugar bien o muy bien no es sinónimo de crack. Porque la cabeza es más importante que los pies. Para mí es tan importante lo que se hace en el campo como lo que se hace fuera. El fútbol, siempre primero. Solo eso te da un mínimo de garantías para tener una carrera larga y sin enormes altibajos. A diferencia de otros brasileños, Kaká apunta este perfil de gran futbolista de largo recorrido. El tiempo nos dirá qué ocurre con los máximos talentos actuales, Messi y Christiano Ronaldo.
Ambos comparten muchas cosas empezando por la juventud y el talento. Y ambos son mucho mejores hoy que cuando llegaron al primer equipo del Barça y del Manchester. Sus fuegos artificiales de inicio se han ido puliendo en forma de ayuda al equipo. Marcan goles y dan goles. Juegan y hacen jugar. Más allá de sus acciones individuales y de dar espectáculo, están empezando a dominar lo que les hará más grandes: tener buen ojo para los compañeros.
Analizar a los porteros es otra historia. El Madrid, por ejemplo, basa gran parte de su éxito en dos puntales: un delantero que las enchufa (Van Nistelrooy) y un portero que para y mucho. ¿Casillas mejor que Valdés? De entrada, a un portero le pido rendimiento. Y rendimiento --paradas que valen puntos-- lo tienen los dos. ¿Más espectacular Casillas? Seguro que sí, pero en un portero lo que vale no es eso sino lo que te da. Y ahí empatan. Y si Casillas brilla más, si le vemos más espectacular --un concepto subjetivo-- es por una razón muy simple: le chutan mucho más que a Valdés. No es cuestión de ser más guapo o más simpático --otro concepto subjetivo-- sino de hacer bien tu trabajo. Y tanto Casillas como Valdés lo están haciendo perfecto, pero en dos equipos con funcionamiento muy distinto. Mientras a uno le llegan más de lo que desearía, el otro cumple en las pocas veces que le llegan. En el Madrid eso delata desajustes defensivos, que no de los defensas. Al menos hasta ayer.