viernes, 04 de enero de 2008 19:10
Johan Cruyff
Bienvenida la derrota ante el Madrid
El Barça arrancará el mes de enero vivo en las tres competiciones y no es momento de quemarlo todo. Si se hubiera ganado al Madrid de chiripa nadie diría nada y el club seguiría con los mismos problemas.
Ha pasado una semana del Barça-Madrid, una semana de la decepción por aquel 0-1, y no me resulta difícil de imaginar que algunos todavía van con la antorcha en la mano. ¿Qué hacemos? ¿Lo quemamos todo ya? ¿Echamos al entrenador? ¿Al jugador referencia? ¿A los dos mejor? ¿Dejamos que sean las encuestas las que gobiernen el club? De haber ganado al Madrid, ni que fuera de chiripa, estas mismas encuestas dirían otra cosa. Y los males del equipo seguirían siendo exactamente los mismos.
Señalar a un único culpable, o a dos, es lo más fácil. El fútbol es mucho más complicado. La gente ve a un futbolista, se fija en él, y deja de prestar atención al resto. Sin embargo, el fútbol es el movimiento de 11 elementos. O un abecedario, donde la a tiene que ir siempre después de la b y así sucesivamente. Un jugador, esté como esté, se llame como se llame, jamás es el culpable de todo. Un futbolista puede aportar ciertas cosas, pero en un deporte de equipo cada pieza debe de sumar su calidad. Cuando un equipo no funciona no es por uno, es por varios. A partir de ahí, de lo que se trata es de conjuntar las piezas hasta lograr el máximo rendimiento de todo el colectivo.
Buscar culpables
¿Cambiamos de entrenador? Apuntar hacia el técnico es tan viejo como simple. Como no tenemos claro qué falla, ni el porqué, ni la lista de los que fallan, que venga otro entrenador. Así, sin más. ¿Hay cosas que no funcionan? Sí. ¿Hay algunos culpables? Sí, seguro. ¿Y las soluciones? ¿Las hay? Sí, pero los únicos que pueden dar con ellas son los propios futbolistas. Elegidos por el entrenador, evidentemente, pero al final es el mismo equipo, o mejor dicho, la misma plantilla, la que deberá de probar si puede o no puede mejorar lo presente.
Calendario en mano, ni el Madrid ha ganado ya la Liga ni el Barça ya la ha perdido. Quedan 21 partidos, una vuelta entera con una propina de 180 minutos. ¿Renunciamos a media temporada porque sí? ¿Únicamente porque nos dolió perder en casa ante el que nunca puedes perder? Pues sí, ante ese también puedes perder. Es más. Prefiero mil veces perder los tres puntos ante el Madrid si luego soy capaz de ganar --mínimo-- los cuatro o cinco partidos siguientes de Liga, a ganarle al Madrid y luego instalarme de nuevo en el tobogán de ahora gano, luego pierdo, luego empato y luego vuelvo a ganar--. Es aquello de la botella medio vacía o medio llena. Arrancando como arrancamos el mes de enero, estás vivo en las tres competiciones. No lo puedes quemar todo porque todavía no ha pasado nada- pero al mismo tiempo sabes que hay algo que no funciona. Y que si no lo arreglas sí que pasará, y difícilmente nada bueno. Y no es nuevo. No es ni de hoy, ni de hace dos meses.
Bienvenida sea la derrota ante el Madrid, los -¡oh!, ¡pánico!- 7 puntos de diferencia, si eso sirve para que de una vez por todas unos y otros demuestren si tienen o no cabida en esta plantilla. La que hay hoy y la que habrá mañana. Una vez más, no se trata de inventar nada. Coge un vídeo de hace un par de años y repítelo. Si puedes, estás a tiempo de todo. Si no puedes, las decisiones a tomar serán todavía más fáciles.
Lesiones y ausencias
Yo no tiraría la Liga. Yo no me la jugaría al todo o nada de la Champions. No, porque hay equipos expertos en estas competiciones cortas. Y el Barça no lo es. El Barça necesita competir para adquirir confianza en su juego y a la vez tener un entorno calmado. Sólo así puede sacar su máximo rendimiento. Lamento la lesión de Messi, pero yo no me encerraría en casa por esto. Lamento que Etoo y Touré se vayan a la Copa de África a mediados de mes, pero esto es algo que ya sabíamos. Toca mirar hacia tu plantilla y preguntarse: ¿A quién tengo? ¿Cómo están? Y hay que elegir a los mejores o, mejor dicho, a los que mejor estén. Siempre. Y que tengan protagonismo. Cuantos más mejor. Porque en enero sabes que, aun sin Champions, tienes dos partidos por semana. Unos más importantes, otros menos. Toca dosificar por un lado y exigir a los que sí jueguen. Porque no estás para tirar nada.
Instalado habitualmente en una nube, el futbolista solo se da cuenta de que llueve el día en que se cae de la nube. Y ahora se están mojando. Elogiados siempre, incluso cuando ello les lleva al engaño, los futbolistas caen en la trampa de creerse unos fenómenos porque así lo leen y lo escuchan de forma machacona. Ni fenómenos ni despedidos en cuanto pintan bastos. Son jóvenes, han de aprender todavía muchas cosas. La vida es aprender. Y cuanto más se aprende es de los fallos, de los palos. La vida no es siempre subir y estar arriba sino un montón de altos y bajos. Entre el aleluya y a la hoguera todos hay un espacio enorme. Están a tiempo de encontrarlo, pero depende de ellos. Solo de ellos.