Puyol y Robinho pugnan con fuerza por el balón, ayer en el Camp Nou durante el Barça-Madrid.El Barça jugó mal posicionado y cometió ante el Madrid los mismos fallos que al inicio de temporada. Actuó como lo hace por lo general fuera del Camp Nou. Ayer se acabó el tiempo para corregir errores.

Cuando acaba un Barça-Madrid y el que pierde sabe que no ha hecho nada para ganar significa que la superioridad del vencedor ha sido total. No hay que darle muchas vueltas. El Madrid hizo lo que sabe hacer y lo hizo bien. El Barça hizo justamente lo que por lo general hace fuera del Camp Nou: jugar sin intensidad. Y por jugar con intensidad no entiendo correr como locos, sino ejecutar las jugadas con velocidad. Sin embargo, esto es imposible si no estás bien posicionado en el campo. Al Madrid no le puedes dar tanta ventaja porque tiene calidad. Seguramente, los jugadores blancos se marcharon del Camp Nou con la sensación de que este encuentro había resultado sencillo. Mucho más que otros partidos que han disputado esta temporada con rivales muy inferiores.
Si el Real juega con Robinho, Baptista, Raúl y Van Nistelrooy, cuatro jugadores con vocación ofensiva, lo que tienes que provocar es que tengan que hacer lo que más odian: perseguir el balón. Sin embargo, el Barça no llenó los espacios. Mirabas el campo y siempre aparecían dos o tres blancos juntos. Apretaban en defensa y salían rápido al contrataque. Estilo de equipo pequeño pero que con jugadores de primer nivel te harán mucho daño. Como ejemplo, el gol. Fantástico en todo. El fútbol es simple y lo más importante es conocer tus errores. Todos los equipos, por muy grandes que sean, los tienen. Por eso siempre hay margen para la mejora.

Esperar la genialidad
El Barça sigue arrastrando fallos de principios de temporada. Y no siempre hay que mirar fuera. El que no está, no está. Primero Etoo, luego Deco, Henry y ahora Messi. ¿Que si hubiesen estado todos y afinados desde el principio las cosas irían mejor? Probablemente. Pero un gran equipo lo es justamente por disponer de los jugadores suficientes como para mitigar las ausencias, algo que los pequeños no tienen.
El Barça debe aprender a hacer algo básico si quiere ganar algo este año y es jugar cada partido como si fuese el último. Hasta ahora no lo ha hecho y si lo ha hecho ha sido en contadas ocasiones. La mayoría de partidos se basan en dejar transcurrir los minutos a la espera de una genialidad. Si eres capaz de apretar al máximo cuando llevas 85 minutos y estás muerto, como sucedió ayer, ¿por qué no lo haces al empezar el partido?
La Liga no es del Madrid. Ni tan siquiera sirve aquello de que para que la gane otro la tiene que regalar el Madrid. El enemigo del Barça no son hoy los siete puntos que le lleva el Real; el enemigo del Barça es el propio Barça. Lo que es cierto es que el tiempo de aprender de los errores acabó ayer. Se avecinan un montón de finales y, en una final, si fallas no hay otra oportunidad.

Sorteo a la carta
Más allá del partido del Camp Nou, ambos equipos se marchan a celebrar la Navidad sabiendo quién les toca en los octavos de final de la Champions. Hasta entonces quedan dos meses y siete partidos de Liga. Y, sólo en enero, hasta cinco posibles partidos más de Copa. Imposible evaluar ahora cómo regresarán a la Champions unos y otros. Lo que sí que sé es una cosa: desde el punto de vista culé, el de octavos ha sido el mejor sorteo posible. Casi a la carta. A ti te toca uno asequible y bofetadas entre algunos de los aspirantes a campeón. De entrada ya sabes que del Arsenal-Milan uno caerá. Y que del Liverpool-Inter caerá otro.
Todos recordamos que en el primer año de Rijkaard ya tocó el Celtic en la UEFA y pasaron ellos. Perfecto. Siempre es mejor tener cuentas pendientes. Pero el Barça de aquella temporada no tiene nada que ver con el actual. La evolución, para mejor, ha sido brutal. Si no ocurre nada extraño --siempre hay accidentes; rara vez no hay mínimo una sorpresa con ocho emparejamientos-- Barça, Sevilla y Madrid tendrían que pasar a cuartos de final.
Tener como tienen los tres el factor campo a favor significa que hasta la fecha has hecho un buen torneo. Pero será ahora cuando empiece la Copa de Europa de verdad. A eliminatoria directa. Ida y vuelta. Uno pasa, cae el otro. Cada uno con su estilo, máxima intensidad desde el primer minuto de los 180 --o más-- en juego. Lo mismo que decía antes del partido contra el Madrid: o bien vas a muerte o estás muerto.
Y aquí, al todo o nada, hay equipos que parten con ventaja. El que más, el Milan. Miras su plantilla y está repleta de veteranos con experiencia. Temporada que pasa, año que suman. La teoría de que los ciclos son de cuatro, cinco años máximo, con ellos no vale. Han planificado la campaña a tres finales y ya llevan dos trofeos levantados: Supercopa de Europa y Mundial de Clubs. La Champions es un camino más largo, pero ahí siguen. Con tanto veterano, su éxito radica en dominar las competiciones cortas. Sacan el máximo rendimiento, aunque esa veteranía les crea problemas en el torneo largo, la Liga.