El Barça va saldando deudas, pero queda mucho por delante y las partidos no se ganan solo con once jugadores. No se trata de tener el mejor álbum de cromos sino de utilizar bien la plantilla.

Vaciando la carpeta de los temas pendientes. Así tenemos ahora mismo al Barça. Entre los debes tenía el de ganar fuera. Hecho. Y hacerlo ante un rival pequeño, no motivador. Hecho. Faltaba que Henry marcara sus goles. Hecho. Otra cosa pendiente liquidada. Pero a estos deberes le siguen otros.

Las temporadas con Eurocopa o Mundial son un no parar. Fantástico si estás bien, mejor así si estás mal. Casi no hay tiempo para analizar nada. Mañana mismo, Champions en Stuttgart. ¡Quinto partido en dos semanas! Y la pregunta que se hacen muchos: ¿Con o sin Ronaldinho?

Me resisto a entrar en el debate de si ha de ser o no titular. De si entra, por quién ha de hacerlo. O que si todos los que están se han ganado el jugar sí o sí. Conozco aquello de lo que funciona no lo toques, pero el fútbol no es dar siempre continuidad por más bien que vayan las cosas. El fútbol es afrontar el próximo partido. Y aquí ya hay bastantes que llevan unos cuantos partidos seguidos en muy pocas fechas. Y menos el del sábado --matando bien el encuentro e invirtiendo el esfuerzo justo y necesario--, todos los otros disputados a un nivel de entrega y participación muy alto.

Aquí no sobra nadie
Ante el Levante cayó uno de los que lo habían jugado todo (Touré) y la rueda, insisto, prácticamente no va a dejar de rodar en toda la temporada. A una media de dos partidos por semana, aquí no sobra nadie. Se llame Ronaldinho o se llame equis. Eso sí, el que juegue ha de estar bien físicamente. Luego estarás más o menos acertado (mira Henry, que hacía mucho y casi todo bien pero no le entraban), pero tu presencia ha de ir acompañada no de unos mínimos, sino de unos buenos máximos en cuanto al tono físico.

Partiendo de esta base, si Ronaldinho está bien, ningún problema. Que entre. Y si no está tan bien, que entre un ratito. Nadie se muere por ser el jugador número 12. Es más, con los partidos madurados, el jugador que muchas veces acaba rompiéndola es precisamente el que sale del banquillo. ¿Un deshonor? Un recurso que todos los técnicos quieren tener a mano: fuego para encender los encuentros o agua para apagarlos.

Los partidos, una vez más, nunca se juegan con 11, sino con 14 jugadores. Y las temporadas no se disputan con 11 jugadores, sino con toda la plantilla. Y más aún las temporadas apretadas-apretadas como la presente. Si Giovanni y Bojan --uno más, el otro menos-- han disfrutado ya de minutos ha sido porque Etoo y Ronaldinho estaban fuera. Si Iniesta ha podido jugar cerca del área y con libertad de movimientos ha sido porque Etoo y Ronaldinho estaban fuera. Luego resulta que Iniesta te juega como nunca, literalmente en plan Laudrup, y que Deco o Márquez se ponen las pilas.

Perfecto, pero no olvidemos que esto ha sido posible en parte gracias a que al fallar unos, otros han tenido su espacio. Aquí no se trata de tener el mejor álbum de cromos, sino de dar con el mejor equipo a través de la correcta utilización de la plantilla. Una vez más, el movimiento de piezas --Ronaldinho entre ellas-- tendrá que ser más o menos habitual en esta apretada campaña.

La crisis del Sevilla
Cuatro victorias seguidas suma el Barça, cuatro derrotas consecutivas arrastra el Sevilla. Lo que hace unos años sería preocupante, ahora parece mucho más grave porque las miras del club andaluz son otras. Y mucho más altas. De entrada, una aseveración. Los resultados muchas veces engañan. El Sevilla mereció ganar en Zaragoza y al menos no mereció perder ante el Espanyol. Y eso son al menos 4 puntos. ¿Qué le pasa al Sevilla? Tras 5 títulos en 15 meses, jugando a todo tren, ahora hay una suma de factores que quitan energías. Los citaré, pero no hagan caso del orden. Son detalles que simplemente suman.

El bajón que muchos equipos tienen a finales de octubre o noviembre, el Sevilla lo está teniendo ahora. Antes que el resto, porque también ha jugado más partidos oficiales que nadie (tres entre Supercopa de España y de Europa). Ha habido un lío con Dani Alves, que si me voy que si no te vendo; ha habido un runrún con el entrenador, que si le quieren que si se va; ha habido una muerte y eso toca muchos sentimientos; ha habido un cambio de filosofía de club, manteniendo piezas donde antes las habría vendido sacando partido económico y deportivo, porque el recambio también estaba a la altura.

Pero, sobre todo, ha cambiado la exigencia que rodea al club. Y la exigencia que se ha instalado dentro. La etapa del "si ganamos maravilloso, si perdemos no pasa nada", ya está quemada. Ahora la exigencia es una sola: ganar. Y no vale otra cosa. Démosle un margen. Y no corto. Al menos, yo se lo doy. Ahí son muchos a adaptarse a un montón de cosas nuevas. Por más viejas que sean las caras.