La crisis económica, paradójicamente, le ha venido bien a Nicolas Sarkozy. Más allá de deseos grandilocuentes como el de refundar el capitalismo, no solo su resuelta actuación se ha notado en su recuperación en los sondeos de opinión, en los que, sin embargo, lleva todo el año sin traspasar la barrera del 50%, sino que ha aprovechado para dar un giro copernicano a su política económica.

Un giro que ha sido poco destacado ante la avalancha de malas noticias que la crisis no cesa de producir, pero que existe. Sarkozy había basado su política económica en el estímulo de la demanda, confiando en que la recuperación del consumo traería un aumento del crecimiento, y ahora, con la presentación del plan de reactivación cifrado en 26.000 millones de euros, el presidente francés opta por una politica de oferta.

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"Al despertar en el bosque en medio del frío y la oscuridad nocturnos había alargado la mano para tocar al niño que dormía a su lado. Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior. Como el primer síntoma de un glaucoma frío empañando el mundo". Así empieza 'La carretera', el desolador relato en el que Cormac McCarthy describe el invierno nuclear y que se ha convertido en uno de los libros de mayor éxito en todos los países. Este éxito no es ajeno a la sensibilidad creciente contra el arma nuclear, superada ya la época de la guerra fría en la que la disuasión de las armas nucleares evitó seguramente una guerra caliente gracias al principio de la DMA (destrucción mutua asegurada).

Una disuasión en la que, sin embargo, no creía el senador ruso Mijail Margelov, nacido en 1964, que confesó en París que creció con la idea de que Estados Unidos iba a atacar a la URSS, ataque al que respondería la Unión Soviética y se produciría el inevitable holocausto y el posterior invierno nuclear tan bien reflejado en 'La carretera'.

Margelov es una de las cien personalidades que acaban de lanzar desde la capital francesa un llamamiento para eliminar progresivamente los arsenales nucleares en 25 años. Bajo el nombre de Global Zero, esta acción internacional está impulsada por personalidades de la vida política, civil y militar de numerosos países y de todas las tendencias políticas. Global Zero fue presentado, entre otros, por la reina Noor de Jordania, la exministra de Asuntos Exteriores británica Margaret Beckett, encargada ahora de la cartera de ordenación del territorio en el Gobierno de Gordon Brown; el antiguo negociador jefe norteamericano de los acuerdos de reducción de armas nucleares Richard Burt; el senador Margelov, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Consejo de la Federación Rusa; el propietario de Virgin, Richard Branson; el exministro de Exteriores del Reino Unido Malcolm Rifkind, y el general estadounidense John J. Sheehan.

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Ser ministro de Nicolas Sarkozy debe ser muy sufrido. Y no solo por la conocida hiperactividad del presidente, que hace a la vez de jefe del Estado, de primer ministro, de ministro de lo que toque, de director de la televisión pública y hasta de director de museo, si se tercia, sino porque gobierna a golpe de emociones y no tiene ningún empacho en desautorizar a un ministro o en anunciar públicamente una reforma sin que la conozca el titular de la cartera concernida.

El último caso se ha producido esta semana cuando el presidente ha desautorizado a dos ministras, la de Justicia, Rachida Dati, y la de Interior, Michèle Alliot-Marie,.a propósito de la detención escandalosa de Vittorio de Filippis, ex director general del diario 'Libération'. por un supuesto delito de difamación, cometido por un internauta en un comentario publicado hace dos años en la web del diario, De Filippis fue detenido en su casa a las 6.40 horas, delante de sus hijos, insultado y después esposado y obligado a desnudarse dos veces antes de ser presentado a la jueza que, alegando que no había repondido a tres citaciones anteriores, ordenó su detención.

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El Partido Socialista francés (PS) acaba de elegir a su nueva dirigente, Martine Aubry, después de semanas de enfrentamientos, odios, descalificaciones y amenazas entre los diversos bandos enfrentados, que en los últimos días, desde el congreso celebrado en Reims el fin de semana del 14 al 16 de noviembre, eran dos: los seguidores de la excandidata presidencial Ségolène Royal frente a todos los demás, apostados en la trinchera bajo el mando de la alcaldesa de Lille, Martine Aubry.

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La elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos ha suscitado en Francia un debate sobre la diversidad étnica y la promoción de las minorías en el país que tiene como una de sus divisas la igualdad y que se autoproclama como la patria de los derechos humanos. Las diferencias son notables. En EEUU, la minoría negra alcanza el 15% frente a solo un 3% en Francia. Este dato es estimativo ya que, en aras de la teórica igualdad republicana, las estadísticas étnicas están prohibidas en Francia.

Pero la teórica igualdad solo es una hipocresía. De los 577 diputados de la Asamblea Nacional, si se descuentan los escasos representantes de ultramar, solo uno es negro, la socialista George-Pau Langevin, elegida por París en las últimas legislativas de junio del 2007. Antes no había ninguno. Tampoco hay ningún parlamentario de origen magrebí ni ningún alcalde de una gran ciudad pertenece a la minoría negra o árabe. En el Senado, solo cuatro escaños de 343 están ocupados por representantes de la llamada diversidad.

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El 27 de octubre se cumplieron tres años de la muerte, eclectrocutados en un transformador cuando eran perseguidos por la policía, de Zyed Benna et Bouna Traoré, dos jóvenes de Clichy-sous-Bois, localidad de la 'banlieue' norte de París. Tres años después aún no han sido juzgados los dos policías imputados por omisión del deber de socorro. Tres años después, la situación en las 'banlieues' no ha cambiado nada. Si acaso, se han producido en los últimos días varios incidentes que sirven de recordatorio de que los guetos siguen ahí, inamovibles, y de que los barrios degradados de las principlaes ciudades francesas no salen de la espiral del paro, la violencia, la delincuencia y la exclusión. La brecha entre la población y los jóvenes marginados no solo no se estrecha, sino que se ensancha.

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Hay en francés una expresión, el 'fait du prince', que procede del derecho administrativo, pero que en el lenguaje coloquial hace referencia a un acto arbitrario del Gobierno. Sería algo así como los deseos del príncipe son órdenes, una forma de actuar impulsiva, improvisada, creyendo que por ser uno quien es tiene derecho a todo sin necesidad de consultar con los más interesados o los más sabios en un asunto determinado. Nicolas Sarkozy es un practicante asiduo del 'fait du prince'. Cree firmemente que ser el primero de los franceses, elegido además por sufragio universal, le da derecho a todo. Lo cree y lo ejerce.

El último ejemplo es la dimisión en bloque de la cúpula de la Caisse d'Épargne, entidad que agrupa a las cajas de ahorro francesas. Por jugar al casino de la bolsa de derivados, la caja perdió en pocos días 600 millones de euros. No fue un caso como el de Jerôme Kerviel en la Société Générale, donde el solito, aunque con algunas complicidades, causó un agujero de 4.900 millones de euros. En la Caisse d'Epargne fue un grupo de operadores de la entidad peefectamente autorizados.

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Nicolas Sarkozy es un tipo enérgico, impulsivo, apresurado, extravertido, simpático, antes colérico en público y ahora en privado. Angela Merkel parece seria, concienzuda, discreta y ortodoxa. Dos personalidades, pues, opuestas que alguna influencia tienen en la avería del eje franco-alemán, fundador y sostén durante décadas de la Unión Europea (UE). Quizá los caracteres personales no sean lo más importante de este desencuentro --hay, sin duda, otras razones de fondo--, pero al menos desde Graham Green sabemos que el factor humano es muchas veces decisivo. Leer más

Los franceses, tan chovinistas, califican siempre a los Campos Elíseos como "la avenida más bella del mundo". Bella lo es, desde luego, pero eso de la más bella del mundo merecería al menos un debate y seguro que muchos habitantes de otras partes del planeta no estarían de acuerdo. Pero, aunque el nombre de Campos Elíseos existe en muchas ciudades del mundo, su sola mención evoca París. Por eso este blog, que se inicia hoy con la pretensión de tratar sobre la política y la sociedad francesas, se llama así. Leer más