Una capa de los toreros. Es corta, bordada y “no se utiliza para la lidia, sino para lucimiento”, explican José Calles y Belén Bermejo en su libro Jergas, argot y modismos. Aunque para conocer bien el percal, no hay que ser torero, sino sastre. Antes que a una capa taurina, se llamaba percal a una “tela de algodón blanca o pintada más o menos fina, de escaso precio” (RAE dixit). Así que sastres y retaleros son los especialistas originarios en conocer el percal, es decir, “calibrar la calidad de las telas y desperdicios de paños”.