Así se demostraba antiguamente que no se escondían armas en la manga, un hábito de lo más común entre los romanos. Así que “desarrollaron como saludo habitual el gesto de coger por los antebrazos”, explican Allan y Barbara Pease en el libro El lenguaje del cuerpo. El saludo actual se utilizó por primera vez en el siglo XIX para sellar transacciones comerciales entre hombres de igual estatus. Hasta hace bien poco, era exclusivo de hombres.