"Me llamo Rafael Rodríguez, creo en la gente y me he propuesto vivir sin trabajar. Para ello, te pido dinero”. Lo dice sin tapujos un avatar de buen ver sin estirar la palma de la mano ni practicar cara de pena. Las ciberlimosnas –con sus ventajas fiscales debidamente reseñadas– se ejercen por paypal, 4B, correo y sms.


Se llama Rafael Rodríguez. Treintaytantos, valenciano, psicólogo, locutor de radio y mendigo virtual. Se instaló en Internet hace meses. Sin rodeos: ciberlimosna.com. Su intención era “llamar la atención sobre el negocio del donativo”, dice. “Quería ver qué pasaba si lo pedía abiertamente”. En dos meses, se sufragó casi por completo un viaje a Italia. Se reserva los números de su negocio por cuenta ajena. “He recibido más donativos de los que esperaba, pero no los suficientes como para vivir sin trabajar”. Su sarcasmo puntocom ya se ha ramificado en ciberherencia.com, por si alguien quiere nombrarle heredero, y ciberinsulto.com, para sacar tajada incluso de quien no apruebe su iniciativa.