[La pregunta del lector: María Garrido, Salamanca]

Es un vestigio de los bautizos originales, que echaban mano de sacrificios humanos para "transferir el espíritu viviente al buque", según apunta un artículo publicado en la Revista general de marina, facilitado por el historiador Javier Aznar. Siguiendo estas notas, la tradición terminó sustituyendo la sangre por vino. Algunos textos del siglo XVII describen botaduras en las que "una gran copa dorada llena de vino" se tiraba al mar y debía ser recuperada por "esforzados nadadores". Mirando por la economía, se sustituyó la copa por una botella que tiraba a ojo la madrina. Hasta que la tradición terminó en pleito por mala puntería (el botellazo se lo llevó un espectador) y se comenzó a amarrar la botella al barco. El historiador Laureano Carbonell añade otra huella de los antiguos sacrificios: el cap de mort (la cabeza de muerto), como se llama en las costas catalanas a la pieza de madera que hay en la roda, "símbolo de la cabeza de la víctima que se colocaba allí".