Hay vida después de la muerte. Dos visionarios –Gary Levine y Kim Brandell– lo han demostrado y patentado. Hay vida después de la muerte, sólo que hay que buscarla con unas gafas de buceo. A 5 kilómetros de la costa de Miami, bajo casi 14 metros de agua cristalina, está el Neptune Memorial Reef, un arrecife de 6 hectáreas y media con pececitos de colores y "habitaciones" para más de 125.000 almas. Es una recreación de la ciudad perdida. En realidad, un cementerio submarino con aspiraciones de "ciudad habitada", explica The Neptune Society, el mayor servicio crematorio de EE UU. Es el objetivo de este RIP a la marinera: ser ecológico, capaz de crear su propio hábitat marino, ejercer de rompeolas y, a poder ser, de gancho turístico.