En un país muy lejano, en el Sáhara, vivían un montón de granitos de arena. Había tantos que formaban montañas onduladas; dunas, se llaman. Un día, estalló una tormenta de viento, la arena se levantó y formó nubes que el aire arrastró muy lejos. Una de esas nubes llegó hasta Barcelona, y ahí se posó largo tiempo hasta que, una noche, la lluvia la empujó hacia el suelo, que quedó cubierto de barro. A la mañana siguiente, una madre y una hija jugaban en su patio, en Barcelona. Al ver la alfombra de arena sobre el suelo, la madre agarró una escoba y empezó a barrerla.
--"¡No me eches, por favor!".
--"¿Has oído eso?", dijo la madre.
--"¿El qué?", respondió la niña.
--"Esa vocecita. Escucha".
--"¡No me barras, por favor! Quiero quedarme aquí".
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