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Durante un acelerado desayuno de tostadas con mantequilla y mermelada, a Paula se le ocurre preguntar por el sistema bancario. Concretamente, a mi hija de 7 años la tiene en ascuas el hecho de que yo pague cada mes el recibo escolar sin tener que ir personalmente a entregar el dinero al centro. Es día laborable y nos quedan 10 minutos antes de salir zumbando hacia el cole; algo justo para improvisar un análisis del sistema bancario, pero en fin...
--Tú sabes que lo que yo gano con mi trabajo lo guardo en un banco, ¿verdad? -- le digo a Paula. --¡Eso ya lo sé! Lo que yo digo es cómo llega tu dinero a la escuela. ¿Viaja por un tubo? ¿Un banco es un sitio lleno de tubos? --Ja, ja, ja. No. Termina de comer la tostada, anda. --Vaaaale. ¿Pero cómo mandas el dinero al cole? --Ahora te lo cuento. La leche también, venga. --Ya va. ¡Ufff! --Ahora tú serás la banquera y yo seré una clienta. Yo vengo a tu banco a guardar 10 euros. Toma, el billete. Ahora tú tienes que darme un papelito donde ponga cuánto dinero tengo guardado. --Vale. ¿Así? --Perfecto. Y ahora viene tu muñeca, que quiere guardar 5 euros. Toma el dinero. ¿Le das el papel? --Vale. --Si yo le pago 1 euro a tu muñeca, tú me darás otro papel, donde pondrá que me quedan 9 euros en el banco. ¿Qué pondrá en el papel que le des a tu muñeca? --6. --¡Muy bien! --Ya, pero... Tú y la muñeca tenéis solo papeles. Vuestro dinero lo tengo yo. --Sí, pero un papel vale como si fuera dinero. --¿Ah sí? ¿Y quién lo dice? --No sé, Paula. Venga, ve a cepillarte los dientes que vamos a llegar tarde. --No lo entiendo. ¿Y qué hacen las banqueras con tanto dinero? --Más dinero. ¿Te acuerdas del Tío Gilito? Pues igual. ¡Corre que no llegamos!
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