miércoles, 16 de julio de 2008 12:32
Gemma Tramullas
Seis trucos para no enfadarse
Paula lleva 24 días y varias horas de vacaciones. Nos levantamos tarde y desayunamos cuando tenemos hambre. Las mañanas pasan lentas y alimentan la imaginación. Yo, que me avergonzaba de mis dibujos cuando era niña, he aprendido a pintar terroríficos dragones de tres cabezas. Mi hija juega a hacer pócimas con lo que pilla en la cocina: puñados de harina, unas cuantas lentejas, restos de café y hierbas para la infusión... Luego vierte el líquido oscuro en botellines de agua vacíos y los distribuye por las habitaciones: «Es para que los malos se lo beban y se mueran».
No todos los días son así. A veces se cuelan nubarrones de tormenta en casa, sobre todo por la tarde, cuando la energía empieza a abandonarnos. Es lo que tiene no apuntar a los niños al casal: los disfrutas mucho más, pero también los padeces mucho más. Uno de esos días, Paula montó un escándalo porque a su disfraz preferido se le había caído un lazo. La desproporción del berrinche casi me saca de quicio. No había forma de convencerla de que con un par de puntadas el lazo volvería a estar en su sitio. Los gritos se oían desde el quinto, y vivimos en un entresuelo.
Yo no sé qué lucecita se me encendió, pero la dejé berreando sobre la cama y me fui a buscar una cartulina y un rotulador. "TRUCOS PARA NO ENFADARSE", escribí en letras mayúsculas. Paula no tardó en acercarse, sorbiéndose aún los mocos: "¿Qué haces?", me preguntó. "Busco trucos para no enfadarse tanto", le contesté. Esta es la lista que acabó confeccionando ella solita:
1. Golpear cosas que no se rompan (la primera parte de la frase es de Paula, la segunda, mía).
2. Pedir ayuda a los mayores.
3. Respirar hondo y contar 10.
4. Pensar si tengo hambre, sueño o estoy triste.
5. Llorar con lágrimas.
6. Estar un rato sola hasta que se me pase.
Hay que ver lo que se aprende en vacaciones