lunes, 07 de abril de 2008 10:42
Gemma Tramullas
Sobre si existen, o no, las hadas
Si las varitas mágicas se vendieran en el súper, Paula querría comprar una para echar a volar. Pediría un vestido largo y precioso, de color rosa o lila, con zapatitos brillantes tipo manoletina. Paula querría ser un hada.
"Pero, mamá, ¿las hadas existen?", pregunta mi hija de 6 años después de manifestar que desea ser una de ellas. He leído en algún lugar que a los niños pequeños hay que darles respuestas cortas y claras, consejo que me parece muy acertado pero que soy incapaz de poner en práctica porque yo la vida no la veo nada clara y, ante ciertos interrogantes, me resulta imposible ser breve. ¿A que no es lo mismo que te pregunten dónde queda la parada del bus 64 o que te planteen si existen o no las hadas?
"Depende de lo que entiendas por un hada --le contesto a Paula--. Si quieres decir los personajes que dibujan en los cuentos, creo que no existen. Pero si quieres decir mujeres con poderes, pues a lo mejor sí. A lo mejor ya conoces a alguna o a lo mejor tú misma podrías ser un hada".
Paula se queda pensativa. Yo también, porque desde que soy madre mis propios comentarios me dejan patidifusa. Por suerte, mi hija no me ha preguntado nunca si existen las princesas, porque esas me caen mal. Ahí sí podría utilizar el consejo que aparece en muchos manuales de crianza. Mi respuesta sería breve y concisa: "Las princesas no deberían existir". Pero las hadas... Las hadas vuelan y son poderosas. Hacen siempre lo que quieren y no lo que les mandan y, además, la mayoría tienen buen corazón. ¿A quién no le gustaría ser un hada?
¡Ay...! Qué bien evadirse un rato de lo cotidianidad. Porque hay que ver lo rutinaria que puede ser la crianza. Levantarse a las ocho, llevar a los niños al cole, ir al trabajo, recogerlos, jugar un rato, ducha, a cenar y a dormir a las nueve. Y así un día tras otro. Menos mal que quedan momentos para creer en las hadas.