Desde que nació Paula, no he vuelto a dormir, a descansar y a desconectar como antes. Y ya han pasado 6 años. No he consultado el tema con ningún pediatra del sueño. ¿Para qué? Cuando tenía 20 años y bailaba día sí día no en el Karma hasta que sonaba Goodnight ladies de Lou Reed (a las 6 de la mañana), iba sonámbula y no se me ocurrió ir al médico. Madres, estáis exhaustas pero no estáis solas. Por mucho que digan, la mayoría de niños no duerme del tirón. Hay mujeres que se despiertan cada hora para calmarlos; otras lo hacen un par de veces por noche, y algunas, como yo, terminamos durmiendo en la cama grande con nuestras hijas.

Miles de mujeres pertenecientes al club del sueño interrumpido cruzan sus miradas por las calles, en el metro y en el autobús, a primera hora de la mañana. Todas las mañanas. Cada una de ellas se siente rara por tener un hijo que no duerme bien (o sea, como un adulto) y, si se le ocurre comentarlo, le dirán que eso solo le pasa a ella y le aconsejarán que aplique cierto método... en fin.

El problema no está en la noche, está en el día; no está en los niños, está en los adultos. Porque después de levantarte varias veces de la cama en el espacio de ocho horas, al día siguiente tienes que ir a trabajar igual. Y al otro, y al otro. La falta de sueño por causa de maternidad no es un atenuante si un día no das la talla.

Una vez leí que en alguna comunidad de Asia (o de África), los adultos se levantaban a contar cuentos a los niños que se desvelaban. Desde luego, no sé a quien se le ocurrió llamar a estas gentes subdesarrollados.