¡Tiemblen argentinos! Vuelve la huelga de los productores agropecuarios. Y vuelve con mucha bronca y los fantasmas del desabastecimiento merodeando el cielo de Buenos Aires y más allá. Vuelve, vaya coincidencia, en momentos que se estrena La Rabia, una película de la siempre corrosiva Albertina Carri, donde la pampa, ese maná del que ha brotado la riqueza a los grandes productores agropecuarios, es un escenario opresivo, en el que, ademas de las vacas y las grandes extensiones de tierra, lo que abunda es la ferocidad. Carri ya se había metido con el tema de la represión de la última dictadura (Los rubios). De hecho, su padre desapareció en esos años terribles. Ahora, el tema es el campo. "Quise mostrar ese campo sangriento y vengativo", ha dicho. Hoy voy al cine. Mañana les cuento.

Ella dijo:

--"La autonomía no es separatismo, es para todo el pueblo, y eso es lo que he querido transmitir durante mi reinado".

 Katherine David, Miss Santa Cruz y Miss Bolivia. Bikini, le hizo un mohín a la cámara, arqueó su espalda e insistió:

--"La gente no debe tener miedo".

El referendo cruceño también se ha jugado en traje de baño. Las palabras de las reinas de belleza valen aquí más que una misa.  A Tatiana Limpias, gerente general de Promociones Gloria, la agencia de modelaje más importante de este país, no le sorprende semejante fervor.

"Las misses tienen rango casi presidencial. Están en todos los actos de posesión de los mandatarios", le dice a este enviado.

-"Si hasta Evo Morales las llama 'compañera miss'", cuenta. Leer más

 

Alguna vez he escrito sobre Buenos Aires como una ciudad tomada por los perros. Una ciudad de perros. El dominio se extiende cada vez más por las calles de la mano de esa figura "tan" argentina como los paseadores de canes. Créanme: enfrentarlos es una causa perdida (o mordida).

             Había dejado a mi hijo en el colegio. Eran las ocho de la mañana, y retornaba a mi casa por la calle Sucre, en el barrio de Belgrano. "Calle" es un decir: hay tantos pozos como cráteres volcánicos (o lunares) y no permiten avanzar con el automóvil a más de 15 kilómetros/hora (sí, leyo bien). El carro (y yo adentro) se desplazaba (nos desplazábamos) con parsimonia y frustración cuando, de repente, a pocos metros, veo venir por el medio de la calle a una paseadora con unos 15 perros. Ella también me "ve", me escruta, pero, naturalmente, no sube a la vereda, qué va, se queda desafiante donde estaba, esperando tal vez que el automóvil suba o la eluda.

             Entonces freno. Leer más

 

Regreso a Buenos Aires y me recibe un tenue manto de humo, retazos del incendio de pastizales de los últimos días que provocó la contaminación atmosférica más grande y absurda de la historia argentina. Detrás de esas volutas inverosímiles todavía se escuchan los ecos de otra controversia desopilante. La derecha peronista se ha molestado con un programa de los Simpsons en el que, la gente de la mítica Springfield, confunde el rol histórico del general Juan Perón y hasta lo consideran el marido de Maddona. Para qué. Leer más

 

Y al final cayó Roma.

Sesenta años de gobiernos colorados y corruptos han terminado en Paraguay por la fuerza de los votos. Nadie sabe muy bien lo que viene, o lo que podrá hacer el obispo Fernando Lugo. Pero esta noche, cuando que camino por las calles de Asunción, en momentos que cruzo Chile y Palma, advierto por primera vez expresiones de alegría y esperanza. La gente se abraza. La gente canta. La gente siente que se ha terminado un ciclo ominoso.

Este país se convirtió en una máquina expulsora. Hay más de un millón de paraguayos en la Argentina. Y ahora, comienza a constituirse una comunidad paraguaya en España. En su primer discurso, Lugo dijo que sueña con un país donde la gente no tenga que huir despavorida por la miseria.

En la calle, una simpatizante de la coalición ganadora me entrega un "pasaporte" de cartón.

-Recuerdos de un día histórico- dice al extender su mano.

 Lo abro. Es el "pasaporte" del actual presidente, Nicanor Duarte. Y, sobre la fotografía, hay un sello estampado. El sello dice, en letras grandes, "que viajen ellos". Y, en el dorso: "desde hace años, además de algodón,  soja y carne, Paraguay exporta también seres humanos...Para expulsar a la mafia y la corrupción, para que la mayoría verdaderamente decida, ellos tienen que irse de una vez".

-¿Tu crees que alguién recibiría a estos bandidos en el exterior?-, pregunta la chica, pero no me da tiempo a responderle (menos mal, ¿qué habría podido decirle?). La marea de simpatizantes la arrastra. Me quedo con el "pasaporte" de cartón, un documento falso de las ilusiones más verdaderas, impreso en el paraíso de las adulteraciones.  

 

Caminar por Asunción siempre provoca cierto efecto de extrañeza, como de realidad paralela, o de una película bizarra de Alex de la Iglesia. He estado por primera vez aquí en 1989, el año que cayó el dictador Alfredo Stroessner, después de un golpe de estado casi familiar y de opereta, con herrumbrosas tanquetas Shermann en las calles disparando balas de juguete. El general Andrés Rodríguez, que se había hecho millonario gracias al contrabando (de cigarrillos, entre otras cosas, según se decía), se convirtió en presidente en las primeras "elecciones democráticas". Cuando se le preguntó el origen de su ingente fortuna respondió: "es que he dejado de fumar". Lo dijo tan convencido que hasta le creyeron. Leer más

El obispo Fernando Lugo, a quien el Vaticano suspendió "ad divinis" por abandonar las misas y "convertirse" en candidato de la Alianza Patriótica para el Cambio, cree que igual el cielo lo acompaña en su intento de ascender a la presidencia paraguaya el próximo domingo. "Por ahora puede decirme monseñor, si quiere, pero a partir del lunes tendrá que llamarme presidente", dice Lugo y lanza una carcajada. Bebe un sorbo de mate, una infusión tradicional y continúa hablando. "¿Sabe qué? Este sistema corrupto y clientelista está agotado. Llegó la hora de cambiar". En su despacho, en Lambaré, en las afueras de la capital, a donde se llega después de varios extravíos,  cuelga una imagen de San Francisco de Asis. También hay un rostro del Che Guevara. Y en ese juego de íconos parecería resumirse la ideología de Lugo. El Gobierno no solo dice que es un rojo apóstata: lo acusa de "marihuanero", "terrorista" y "secuestrador". Llega a insinuar que tiene una rvasta prole de hijos con los que trasgredío su voto de castidad. Pero este hombre de 61 años, que ya no lleva anillo obispal y calza zandalias franciscanas, dice que sin embargo que "no soy de izquierdas". Atribuye las "infamias" a que el Partido Colorado está nervioso porque "se termina su hegemonía de seis décadas". Su diagnóstico político se completa con un chiste. "Dicen por ahí que hipotética victoria de Lugo significa esperanza, la de (el empresario y cuarto en las encuestas) Pedro Fadul, un milagro, la de Lino Oviedo, consuelo y la de Blanca Ovelar...¡Socorro...!" Leer más

 

Cuesta creerlo, pero es otra prueba de que la realidad, en este caso venezolana, puede ser más poderosa que la ficción, aunque se trate de Los Simpsons. El Consejo de Telecomunicaciones (Conatel) de ese país conminó en los hechos a que el canal privado Televen retire del aire las aventuras de Homero y compañía. El organismo se basó en denuncias de usuarios anónimos para considerar que la serie animada creada por Matt Groenning "contiene mensajes que atentan contra la formación integral de los niños y adolescentes". Los Simpsons se transmitía a las 11 de la mañana, una hora, según Conatel, más que inconveniente para los menores. Televen reemplazó entonces a Los Simpsons por Guardianes de la Bahía (Baywatch). Leer más

A veces, las palabras aturden o traicionan. Por estas horas, los colombianos evocan y meditan sobre los efectos de un "magnicidio" perpetrado el 9 de abril de 1948, hace 60 años. El asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán es considerado como el big-bang de la violencia atroz que azota a ese país. Y mientras todavía se discute quién realmente mató al "Tribuno del pueblo", la prensa colombiana también repasa otra de sus consecuencias menos visibles en la vida cotidiana.

Se habla, entonces, de "femicidio", para referirse a una encuesta de Profamilia según la cual, ocho millones de colombianas han sufrido maltrato físico por parte de su esposo o compañero. Solo el 20% de las mujeres se ha atrevido a denunciar los ultrajes. El diario El Tiempo acaba a su vez de lanzar la voz de alarma por el "gaticidio" cometido en un predio abandonado en la zona residencial de Calli, y que es, apenas, la punta de un iceberg más sangriento. Leer más

 

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) se enojó con el más grande caricaturista argentino, que es, en rigor, uruguayo, pero, a estas alturas, de todo el mundo. Se llama Hermenegildo Sabat, le dicen Menchi, y ha retratado como nadie la historia política de este país (y más allá) en las últimas cuatro décadas. La mano de Menchi Sabat descolló en la revista Primera Plana, en los 60, se estampó en el mítico diario La Opinión, en los años 70 y, desde hace más de 30 años está, para alborozo de sus admiradores, que son millones, en el diario Clarin. Pero parece que a la presidenta no le gusta, o, al menos, no le gustó una de sus últimas caricaturas. Leer más

   

Parece que la exageradamente llamada "guerra de los agricultores" ha terminado en la Argentina (por lo menos hay tregua). Los productores agropecuarios aceptaron negociar con el Gobierno después de bloquear rutas y la entrada de alimentos a las grandes ciudades en rechazo al impuesto a las exportaciones de cereales y oleaginosas. Las últimas horas fueron de crispación y convocaron a los peores fantasmas de la historia de este país. La gente de los barrios pudientes de Buenos Aires salió a las calles con cacerolas a reclamar que "no se le robe" al campo. Algunos defensores del Gobierno, con hábitos de grupos de choque, salieron tmbién, pero con palos. "Negros sucios", dijeron los primeros. "Oligarcas", respondieron los otros. Demasiada sobreactuación para un país que crece de manera espectacular a tasas del 9% anual desde hace cinco años. Leer más

Noche ruidosa, otra vez en algunos barrios acomodados de Buenos Aires. El cacerolazo  como arma de combate que amplifica otros rencores. A la presidenta Cristina Fernández de Kirchner la llaman "bruja" o "pinguina" en la elegante esquina de Callao y Santa Fe. La conminan a capitular ante los hacendados levantiscos. Los vecinos de la zona norte de Buenos Aires han marchado otra vez a Plaza de Mayo con sus utensillos y su furia antiperonista. Quisieron hacerse escuchar como el martes. Y allí, se encontraron, nuevamente, con los grupos de "piqueteros" que responden al Gobierno. De un lado, las cacerolas. Del otro, los palos que se alzaron al grito "llora la puta oligarquía, porque ha llegado el pueblo de Cristina".
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 La escena tiene lugar en un supermercado Jumbo, en un barrio de clase media de la capital argentina.

            -Perdóne, señor. No veo la zanahoria

            -Es que no hay señora- dice el empleado        

            La situación se repite unos minutos después.

            -¿Y la zanahoria?

            Y el empleado:

            -Lo que no se ve no existe. Leer más


Protesta de tractores en Córdoba. APIncreíble. La Argentina de Cristina Fernández de Kirchner volvió a sentir las resonancias de las cacerolas. En diciembre del 2001, un presidente que era objeto de la mofa mediática más descarnada, Fernando de la Rúa, se subió a un helicóptero y dejo la sede del Poder Ejecutivo después de que la furia metálica se hiciera ensordecedora. Claro, don De la Rúa, y su ministro Domingo Cavallo, habían confiscado los ahorros de los argentinos. Habían inventado el corralito. El cacerolazo contra Cristina tiene otras razones. No deja de ser sorprendente de que explotara a un poco más de 100 días de un Gobierno con todas las de ganar: una economía boyante y una oposición esperpéntica. Pero hasta lo insólito puede suceder. Leer más

Un minuto de silencio por la muerte de Emanuel Álvarez. “Adentro queda un cuerpo/ la bengala perdida se le posó/ allí donde se dice gol”. ¿Cómo no recordar esta canción y volver a sentir sus palabras como cuchillos? Luis Alberto Spinetta, uno de los más grandes músicos argentinos, la escribió a fines de los 80 después de que un hincha de Racing Club muriera en la tribuna atravesado por un cohete disparado a más de 150 metros, desde la tribuna del equipo local, el Boca Juniors. La canción se llamó La bengala perdida y vuelve a cobrar vigencia después de otra muerte inútil en los estadios de este país que tanto ama al fútbol y en cuyo nonbre tantos horrores se cometen. Las balas cegadoras ya corren el peligro de ser olvidadas. El sábado 15 murió Emanuel Álvarez. Era fanático del Vélez Sarsfield, pero podría haber sido cualquier otro hincha porque la telaraña de la violencia que atrapa al deporte más popular de la Argentina hace que las tragedias se repitan como si fueran espectáculos. Sin ir más lejos, la noche de ese mismo sábado una chica de 17 años, Sabrina Beltrán, falleció de un balazo en la cabeza en la provincia de Salta cuando iba a ver un partido del torneo Argentino B sin que se sepa aún si fue un accidente o un asesinato, aunque hay tres detenidos.Y, en la provincia de Mendoza, una niña de 12 años resultó gravemente herida al recibir un balazo en la cara cuando se encontraba en la puerta de su casa. En esos momentos en que pasaba por el lugar una camioneta con hinchas del Club Godoy Cruz. Leer más

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