Ricardo Darín ha merodeado el mundo de los rufianes y ladrones de poca monta. Como director y actor de La fuga, encarnó a un detective "a la Marlowe" que recorre los márgenes y, en esas orillas de Buenos Aires, se mezcla con la comedia humana del hampa de los años 50. En Nueve reinas,  la película, de Fabian Bielinsky, hizo de estafador estafado. En La fuga, es uno de los presos con profuso prontuario que se las ingeniaqn  para escaparse del encierro. Darín, que acaba de terminar de filmar con Juan José Campañella, se ha convertido por estas horas en noticia porque tres ladrones entraron en su casa, en el barrio de Palermo, mientras el actor estaba en un brindis por el final del rodaje El secreto de sus ojos, donde interpreta al secretario de un juzgado.

             Eran las 23 horas.  Su esposa, Florencia Bas, lo llamó para avisarle que los delincuentes, dos de ellos armados, la habían encerrado en una habitación con su hija de 15 años..La banda escapó con unos unos cinco mil euros, equipos de audio, una cámara fotográfica, un reproductor de DVD, una computadora portátil, un plasma, joyas y trajes.

            "Fue un robo al azar. Cuando vieron mis fotos se dieron cuenta de que era mi casa. Por suerte eso aceleró la huida. Eran menores. La alarma no estaba activada. Ahora vamos a poner rejas", dijo después Darín. Una cámara de seguridad ubicada en la vereda de enfrente registró cuando los ladrones, todos adolescentes, tres chicos y una chica, cargaban las cosas robadas en un auto.

            "Entraron por la puerta con una llave, no tengo idea de dónde la sacaron", agregó. No faltaron entonces los medios que  redoblaron el llamado a aplicar penas mas duras contra los menores. Un  reciente caso, el estremecedor asesinato de un ingeniero, llevó ese reclamo a niveles de paroxismo. Carmen Argibay, ex integrante del Tribunal Penal de La Haya y una de las voces más lúcidas del Tribunal Supremo argentino, advirtió entonce que, si se seguía por este camino, pronto los portavoces de la "mano dura" contra el delito iban a exigir la persecución de los niños de tres años.

            Es curiosa la dialética de los medios argentinos: de un lado, los culebrones suelen "glamourizar" al ladrón y su universo simbólico. Al mismo tiempo, circula, de manera sutil o abierta, el discurso que "criminaliza" automáticamente la pobreza: ser humilde y morocho significa, para ciertos ojos, ser una suerte de bandido en potencia. Cuando se conoció el asalto a la casa del actor, muchos esperaban que Darín exacerbara la sensación de inseguridad, multiplicando los prejuicios y malentendidos.

            Pero Darín los decepcionó.

            "Eran adolescentes.¿Qué es lo que hace que tres pibes salgan a afanar (robar)? No me imagino tomar represalias con los chicos. La responsabilidad de formarlos es nuestra y no creo que estemos haciendo lo debido para que tengan educación, salud, contención en las escuelas y que sus padres tengan trabajo. Estamos cansados de ver pibes en la calle y ni siquiera nos conmovemos. Hay que pensar qué es lo que hacemos por los chicos y no en bajar la edad de imputabilidad o la mano dura. ¿Seremos todos ladrones que esperamos la oportunidad? Creo que no".

            Al comienzo, recordamos los papeles que Darín tuvo en el cine en los últimos años (estafador, asaltante de bancos). Pero si algo tiene claro este notable actor es que la ficción no se puede mezclar con la realidad (y menos, manipularla). Entre otras cosas, porque el presente argentino (y mundial: ¿qué cuota de sufrimiento y escozor aporta Buenos Aires frente a Bombay?) supera toda imaginería o pretensión novelesca.