La casualidad se ensaña con la Argentina a la hora de desnudar sus paradojas. En la mañana del jueves, los pasajeros del tren que conecta al oeste profundo de la periferia bonaerense con la capital quemaron ocho de sus vagones en un acto de desesperación, cansados ya de sentirse ganado pero haber perdido simpre a la hora de desplazarse de la casa al trabajo. Ese mismo día se estrenó en los cines de este país La próxima estación, el último documental de Fernando "Pino" Solanas, un alegato contra lo que ha sido la destrucción de un sistema ferroviario en cierto sentido ejemplar. "Los trenes se privatizaron porque daban pérdidas. ¿Pero los servicios públicos están para dar ganancias o para servir a la comunidad? ¿Deben dar renta las escuelas o los hospitales públicos?", dice el director en off, al comenzar su película. Solanas, el autor de La hora de los hornos, El exilio de Gardel y Sur, nunca le esquivó a la idea de realizar  un cine fuertemente político. Es más: sus últimos trabajos han apuntado al corazón de la crisis que estalló en la Argentina a fines del 2001. Sus títulos lo dicen todo: Memoria del saqueo y La dignidad de los nadies. Pino encontró en el raquítico sistema ferroviario otra de las metáforas de la Argentina que no despega. Desde que comenzó a pensar este trabajo, en las estaciones de la periferia bonaerense se sucedieron los incidentes de pasajeros hartos por las demoras y todo un catálogo de agravios. Del 2005 a la fecha se quemaron 30 vagones y destruyeron varias estaciones, sin contar la más reciente.

             La batalla campal del jueves pasado tuvo lugar en la estación Castelar. En medio del humo y los insultos, el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner habló de una conspiración de minúsculos grupos insurreccionales. "¿Buscan la Patria Socialista? ¿Creen que toda propiedad es robo? ¿Quieren desestabilizar a Cristina? Es mucho más simple: quieren viajar como personas.", dijo Jorge Lanata, director del diario Critica, en respuesta a las hipótesis oficiales.  Hace un par de meses, en este mismo blog, escribí sobre "el lento tren de las desdichas". Señalaba entonces la insoportable contradicción que siente el ciudadano sometido a los rigores del azar y el desdén de su sistema de transporte público cuando, al mismo tiempo, el Gobierno se embelesa con sueños futiristas y quiere construir un multimillonario tren bala que una a Buenos Aires con Rosario. La reciente batalla campal en Castelar no hizo más que volver a instalar en escena el problema. Porque desplazarse se ha convertido en El PROBLEMA. Un día puede ser que te encuentres con que las carreteras han sido bloqueadas por un grupo de peticionantes. Otro, la autovía. También puede ser el metro el que se detenga, o la principal avenida la que se convierta en un laberinto. Pero lo de los trenes, por el volúmen de personas que lo utilizan, multlica exponencialmente el maltrato e incuba las peores reacciones de violencia del consumidor. Dice Lanata sobre estos argentinos. "Viajan un día, y otro, y otro, y otro más como sardinas en una lata aplastada, expuestos a los carteristas y a las tocadas de culo, con el frío que te hace un tajo en la cara al lado de la ventana y el convoy que se atrasa, que queda detenido en medio de la nada, sin nadie que explique alguna cosa, sentados en el incómodo sillón de un tren de mierda. Viajan un día, y otro, y otro, y otro más sin saber nunca a qué hora llegan, ni a qué hora salen, ni si llegarán o podrán salir. Viajan en trenes que, estatales, perdían un millón de dólares por día y que ahora, privados, pierden un 700.000 euros por día (del Estado).". TBA, la propietaria del tren que ardió en llamas, recibirá  32 millones de euros este año en concepto de subsidio. Al finalizar la agitada jornada, cuando se apagó el incendio de los vagones, el ministro del Interior, Anibal Fernández, no tuvo mejor idea de vincular al mismo Solanas con los epiosodios. ¿Había visto La próxima estación?