martes, 19 de agosto de 2008 17:11
Abel Gilbert
La vida es sueño y los sueños, culebrones
Por estas horas, los argentinos no dejan de comentar la azarosa vida sentimental de Solita Silveyra, una popular actriz de culebrones. El nombre de Solita, como se la conoce, aunque suele estar casi siempre feliz y acompañada, comenzó a sonar a mediados de los años sesenta. Era entonces una estrellita de las películas del lacrimógeno Palito Ortega. En 1972 protagonizó junto con Claudio García Satur,
Rolando Rivas, taxista, el que tal vez ha sido el culebrón más importante de la televisión de este país. Alberto Migré, su autor, tuvo la astucia de ubicar una clásica historia de amor entre clases sociales diferentes (Mónica Helguera Paz-Silveyra , una chica de la aristocracia, y Rolando-Satur, un simple trashumante en cuatro ruedas) en medio del esfervescente escenario político argentino. A tal punto sintonizaba el programa con ese ríspido presente que los personajes podían hablar del filósofo marxista Herbert Marcuse o Mario Vargas Llosa (todavía izquierdista) y hasta tener un pariente en la guerrilla urbana, Montoneros.
La telenovela, filmada en blanco y negro, y que por estos días el canal de cable Volver vuelve a transmitir, en clave nostálgica, comienza así: corre el otoño y una colegiala irrumpe nerviosa y prepotente en el vehículo de Rolando. Es Mónica Helguera Paz. Escena iniciática para Solita. Y con chofer-galán a la altura de sus apetencias. La actriz ha recorrido luego un largo camino en la televisión, el teatro y el cine. Ha altrernado su simpatía con los movimientos defensores de los derechos humanos con la conducción de Gran Hermano. Y, este año, es una de las estrellas de un culebrón hiperealista sobre la prostitución, Vidas Robadas. Como en muchos países, la vida privada de los personajes mediáticos suele convertirse en un asunto casi público. Y cuando Solita reveló que había "conocido" a "alguien" durante el rodaje de Vidas robadas, comenzó la pesquisa de los paparazzi y cronistas del corazón. Había que conocer la identidad del dueño de su corazón. El elegido, al fin se supo, se llama Héctor, tiene 52 años y maneja uno de los autos que la productora Endemol destina a la movilidad de sus módicas celebridades.
-¡Qué escándalo, por favor- se ha dicho, como si Silveyra nunca hubiera dejado de ser Mónica Helguera Paz, a pesar del tiempo transcurrido.
-¿Por qué pensar en Rolando Rivas? A mi me parece que las cosas se parecen a Driving Miss Daisy- he escuchado también.
Recordemos: la película en cuestión, de 1989, y basada en una obra de teatro de Alfred Uhry, cuenta la relación que establecen a través de los años una mujer judía, de una cierta edad, Daisy Werthan (Jessica Tandy) que reside en Atlanta, y su chofér afroamericano (Morgan Freeman). El vínculo entre ellos no es amoroso. Lo que "conmueve" a los espectadores es otra cosa: la manera en que se van reduciendo las distancias sociales entre los protagonistas a medida que abandonan sus prejuicios.
"Me encantaría poder contarlo todo, porque esto fue mágico y sería hermoso poder compartirlo. Pero acá la estrella es la Silveyra y ella todavía no quiere hablar mucho", acaba de decir Héctor. El diario Perfil.quiso saber "cómo estaba viviendo este momento". El chofer siente que se ha metido en un lío. "Nunca pensé que yo iba a ser noticia". Pero, se sabe, un golpe de dados jamás abolirá el azar. Y allí está él, ahora, hablando de su relación y las vueltas que tiene el destino. "Ella es fascinante, buena madera, sencilla, me escucha. Además es muy linda. Yo le digo a la señora que la miraba cuando vivía en (la provincia de )Córdoba, en la tele blanco y negro, cuando ella hacía Rolando Rivas, taxista; y ahora está viviendo en la vida real lo que interpretaba en la ficción... ¡sale con un remisero!".