miércoles, 09 de julio de 2008 15:16
Abel Gilbert
Buenos Aires es todo niebla
La niebla circunda Buenos Aires. La espesura que no deja ver nada, es cada vez más densa e imprevista. Los vuelos se cancelan. Las autopistas se cierran o se recomienda transitarlas con extrema cautela. Los accidentes de tránsito se incrementan. La ciudad tiene una envoltura extraña.
-Uy, nos estamos pareciendo a Londres.
Escucho decir en la estación de tren Belgrano R, y uno no sabe si la analogía es motivo de orgullo o estupor.
Parecerse a París fue, por muchos años, una obsesión de las clases dirigentes y la elite intelectual. París era un modelo de ciudad y, sobre el catastro de Buenos Aires se proyectaban fantasías urbanas y políticas que el tiempo puso en su lugar.
-Pero, ¿parecerse a Londres por los bancos de niebla?- le pregunto al hombre que espera el tren.
-Bueno, por algo se empieza..
-¿Por un fenómeno atmósferico que es como un efecto cinematográfico?
-Claro, imagínese que, de repente, por esa callecita, asome Jack El Destripador.
Dice, y tal vez no sepa que, un siglo atrás se creía que el asesino serial se había escapado de Inglaterra y estaba en la Argentina.
Parece que el tren se asoma. Al menos, se escucha a lo lejos el traqueteo.El hombre retorna a la lectura del diario. Le cuesta leer. Vuelvo a la la niebla. La reducción de la visibilidad tiene un efecto claro en la mirada: todo se vuelve brumoso. Los contornos se difuminan. Las distancias se estrechan.
Pero a veces uno siente que la niebla de Buenos Aires está señalando algo más. Una de las acepciones de la palabra niebla en el diccionario es "lo que no deja percibir ni comprender debidamente la realidad". Y algo de eso sucede en la Argentina fosca.(y hosca). Demasiadas cortinas de humo. Las cosas no son lo que parecen ser. Subo al tren fantasma. Un viejo tango suena en mi cabeza:
Niebla del Riachuelo...
amarrado al recuerdo
yo sigo esperando...
Me desplazo por una ciudad todavía dormida de tanto soñar.