jueves, 12 de junio de 2008 0:50
Abel Gilbert
Charly Garcia y su decadencia triunfal
Charly García ha sido internado de urgencia después de padecer una fuerte crisis. El músico estaba en un hotel, en la provincia de Mendoza. Allí se peleó con uno de los integrantes de su banda. Luego provocó destrozos en una habitación y en otras instalaciones del Solaz de los Andes. Intervino la justicia. Ahora se dice que padece además neumonía. La televisión argentina transmite en vivo y con curiosa fruición los episodios de su inexorable decadencia. García alguna vez fue un compositor extraordinario. Y su obra un material de referencia para comprender algunas señales de la cultura urbana argentina, especialmente entre 1973 y 1985. Pero, en su caso, hay que hablar en pasado. Y desde hace mucho tiempo.
Charly adquirió notoriedad en los setenta con Sui Generis, un grupo que le cantaba a los adolescentes que, en minoría, escuchaban rock en la Argentina en los primeros años de los 70. De esa epoca quedan canciones extraordinarias como "Cuando empiece a quedar solo", "Instituciones" o "Bienvenidos al tren". La última dictadura militar lo encontró liderando La máquina de hacer pájaros. García escribía en clave sobre lo que estaba sucediendo en las calles. "Qué se puede hacer salvo ver películas" o "No te dejes desanimar", dan cuenta, tres décadas después de una mirada lateral, aunque profunda, de los días de terror.En Seru Girán, el grupo que formó con David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro, entre 1978 y 1982 muestra su mejor momento creativo. Ese período de fertilidad se extiende desde el final de la dictadura hasta los primeros años de democracia y ha quedado plasmado en tres discos notables: "Yendo de la cama al living", "Clics modernos" y, especialmente, "Piano bar". Yo que nací con Videla yo que nací sin poder yo que luché por la libertad y nunca la pude tener, cantaba ese García en 1985. Una canción profética, "Demoliendo hoteles". Despues, Charly hizo de si mismo, convirtió el desborde personal en una viñeta de las crónicas policiales, trató de transformar el escándalo mediático en parte de su obra, y, con los años, devino una caricatura de si mismo. Hasta terminó protagonizando una pelea con su hijo, Miguel García, músico también, otra vez para el deleite de las cámaras. Buen pianista, eficaz guitarrista, alguna vez mejor compositor, a los 56 años, el pobre Charly perpetua su avejentada performance de adolescente problemático frente a las miradas indiscretas. Y un rumor de voces que me gritan Y un millón de manos que me aplauden Y el fantasma tuyo, sobre todo, cuando ya me empiece a quedar solo, cantaba en 1973. Es su fantasma hoy quien le recuerda a los argentinos que alguna vez existió un músico llamado Charly García.