El obispo Fernando Lugo, a quien el Vaticano suspendió "ad divinis" por abandonar las misas y "convertirse" en candidato de la Alianza Patriótica para el Cambio, cree que igual el cielo lo acompaña en su intento de ascender a la presidencia paraguaya el próximo domingo. "Por ahora puede decirme monseñor, si quiere, pero a partir del lunes tendrá que llamarme presidente", dice Lugo y lanza una carcajada. Bebe un sorbo de mate, una infusión tradicional y continúa hablando. "¿Sabe qué? Este sistema corrupto y clientelista está agotado. Llegó la hora de cambiar". En su despacho, en Lambaré, en las afueras de la capital, a donde se llega después de varios extravíos,  cuelga una imagen de San Francisco de Asis. También hay un rostro del Che Guevara. Y en ese juego de íconos parecería resumirse la ideología de Lugo. El Gobierno no solo dice que es un rojo apóstata: lo acusa de "marihuanero", "terrorista" y "secuestrador". Llega a insinuar que tiene una rvasta prole de hijos con los que trasgredío su voto de castidad. Pero este hombre de 61 años, que ya no lleva anillo obispal y calza zandalias franciscanas, dice que sin embargo que "no soy de izquierdas". Atribuye las "infamias" a que el Partido Colorado está nervioso porque "se termina su hegemonía de seis décadas". Su diagnóstico político se completa con un chiste. "Dicen por ahí que hipotética victoria de Lugo significa esperanza, la de (el empresario y cuarto en las encuestas) Pedro Fadul, un milagro, la de Lino Oviedo, consuelo y la de Blanca Ovelar...¡Socorro...!"

--A pesar de que encabeza las encuestas su coalición advierte sobre el peligro de un fraude...

-Aceptaremos el resultado solo si se garantiza la limpieza de los comicios. No tendremos problemas en perder, aunque sea por un voto. Pero, claro, estamos en Paraguay, y no tenemos confianza en la justicia electoral. Además, el Estado se ha metido en la campaña sucia. Los entiendo: el Frente Amplio uruguayo tardó 30 años en llegar al poder. Nosotros, en solo ocho meses de trabajo, estamos cerca del milagro.

-- ¿Quién es Lugo? Lo más simpático que le dicen sus adversarios es "chavista"...

-- Paraguay tiene su propio proceso, con problemas comunes a la región y claras diferencias. No soy de la línea de Chávez ni la de Lula.

--¿Qué es lo que más lo indigna de la realidad paraguaya?

--La falta de oportunidades. Esta es una sociedad de excluidos. La gente debe huir. Paraguay tiene la distribución más escandalosa de la tierra del continente. Esta concentrada en poquísimas manos. Necesitamos una reforma agraria integral e iniciar un proceso de expropiaciones, donde corresponda. Pero lo primero, aunque parezca mentira, hay que realizar un catastro.

--La inmigración paraguaya se ha radicado principalmente en la Argentina, pero ya comienza a sentirse en España...

--Debemos ser agradecidos a España, como lo somos con la Argentina, que albergó a los acogió a mis compatriotas en los peores momentos de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-89). España, por otra parte, puede jugar un gran papel en Paraguay. Si el capital español ha invertido en Cuba, ¿por qué no lo puede ser aquí? Lastimosamente, no se han brindado las garantías jurídicas. Pero cuando haya un Gobierno serio y previsible podrán aprovechar las condiciones.

--Suele comentarse que la Iglesia simpatiza con su candidatura, a pesar de que usted ha pedido abandonar los hábitos y fue castigado por el Vaticano...

--Mire, la Iglesia es sabia en no identificarse con un proyecto político temporal: es fiel a su doctrina. Ese fue un error cometido por los sandinistas. Es cierto que la iglesia paraguaya es testigo de un caso sin precedentes, porque hasta ahora solo un sacerdote, Jean-Bertand Aristide , en Haití, llegó a la presidencia. Claro, no se trataba de un obispo.

--¿Su historia eclesial lo inclina a oponerse a temas como el aborto o la eutanasia?

--Que quede claro: no evadieromos los grandes temas polémicos. De todas maneras, hay que recordar que Paraguay tiene sus propios tiempos. No es España, ni la Argentina, de la cual adoptó en 1917 un Código Civil vetusto, que sigue vigente. No se puede negar la libertad de conciencia y opción. Ya no estamos en la Edad Media cuando un Estado se identificaba con una religión. Eso no quiere decir que yo no tenga mis propias opiniones.

--Paraguay suele ser considerado un paraíso mafioso: contrabando, piratería en escala, robo de automóviles, narcotráfico. ¿Cómo va a enfrentar estos lastres? ¿No teme ser blanco de esos poderes?

--Va a haber un choque con las mafias, no tenga dudas. Nosotros no tememos precio ni patrones. No he entrado a la política para hacer dinero. Nuestras manos están limpias. Haremos una gestión trasparente. Claro que tenemos temor a represalias: las amenazas son constantes. Pero, como suele decirse, uno no se muere en las vísperas. Hace un año que vivo custodiado. Las 24 horas.

--Durante la campaña electoral, la coalición que encabeza puso el acento en la necesidad de renegociar los tratados bilaterales con Brasil y la Argentina por las represas binacionales de Itaipú y Yacyretá. Así como en Bolivia Evo Morales levantó la bandera de la nacionalización del gas, ustedes sostienen que Paraguay vende la energía eléctrica más barata del mundo y que los tratados que en su momento se firmaron con los países vecinos representan grandes injusticias que deben repararse...

--Es cierto. Son contratos leoninos. A Brasil se le vende energía a precio de costo. Lo que reclamamos no es insensato: que la compren a precio de mercado. Eso ayudaría a modificar la situación económica paraguaya. Se lo he dicho al presidente Lula.

--¿Encontró comprensión?

--Al menos lo hemos podido conversar. Vamos a agotar todas las instancias de una relación fraterna.

 --Usted proviene de una familia de linaje político y colorada...  

--Sí, los Méndez Fleitas.Mi padre estuvo 20 veces presos en época del dictador Strossner, y por ser colorado. Mis hermanos fueron torturados y al exilio.

--Y usted inició el magisterio sacerdotal...

--Quisieron cuidarme. Cuando lo terminé, a los 17 años, me fui como profesor al campo y descubrí otro mundo en lo social y lo religioso. Más tarde vinieron mis 11 años como obispo de San Pedreo, una de las zonas más pobres del país. ¿Qué no hicimos allí por rescatar las necesidades y la dignidad del hombre? Fue entonces que comprendí que, además, hacía falta una herramienta política para lograr el cambio. Mis hermanos aquí dicen que si uno tiene incubado el virus de la política, alguna vez aparece.

--¿Es cierto que alguna vez quiso ser militar?

--Sí, pero, como le dije, pertenecía a una familia opositora, y por eso no pude iniciar la carrera.

--¿Y que habría sido de usted de haberse convertido en militar?

--Un general corrupto.