lunes, 17 de marzo de 2008 16:45
Abel Gilbert
Sangre y gol
“Adentro queda un cuerpo/ la bengala perdida se le posó/ allí donde se dice gol”. ¿Cómo no recordar esta canción y volver a sentir sus palabras como cuchillos? Luis Alberto Spinetta, uno de los más grandes músicos argentinos, la escribió a fines de los 80 después de que un hincha de Racing Club muriera en la tribuna atravesado por un cohete disparado a más de 150 metros, desde la tribuna del equipo local, el Boca Juniors. La canción se llamó La bengala perdida y vuelve a cobrar vigencia después de otra muerte inútil en los estadios de este país que tanto ama al fútbol y en cuyo nonbre tantos horrores se cometen. Las balas cegadoras ya corren el peligro de ser olvidadas. El sábado 15 murió Emanuel Álvarez. Era fanático del Vélez Sarsfield, pero podría haber sido cualquier otro hincha porque la telaraña de la violencia que atrapa al deporte más popular de la Argentina hace que las tragedias se repitan como si fueran espectáculos. Sin ir más lejos, la noche de ese mismo sábado una chica de 17 años, Sabrina Beltrán, falleció de un balazo en la cabeza en la provincia de Salta cuando iba a ver un partido del torneo Argentino B sin que se sepa aún si fue un accidente o un asesinato, aunque hay tres detenidos.Y, en la provincia de Mendoza, una niña de 12 años resultó gravemente herida al recibir un balazo en la cara cuando se encontraba en la puerta de su casa. En esos momentos en que pasaba por el lugar una camioneta con hinchas del Club Godoy Cruz.
Los medios de comunicación no se ponen de acuerdo sobre el número de víctimas fatales desde que comenzó aquí la era profesional. Unos dicen 223, otros 228. Pero todos coinciden en que se ha llegado a una situación intolerable. Sin embargo, las nuevas desgracias no tienen todavía la fuerza suficiente para detener la maquinaria del fútbol y suspender los espectáculos hasta nuevo aviso.
Hay sectores del Gobierno de Cristina Kirchner inclinados a ponerle freno a esta cadena de infortunios: en los últimos 30 meses han perdido la vida 16 personas. Pero la Asociación del Fútbol Argentino, que comanda Julio Grondona, uno de los jerarcas de la FIFA, se niega por ahora a detener por completo el campeonato. Por eso, sigue habiendo aquí fútbol como si nada hubiera pasado. No importa el dolor de los deudos. Es más: un día después del estupor, as barras bravas del Boca Júniors se enfrentaron con piedras y armas de fuego. Un hincha boquense recibió una puñalada que le llevó al hospital. A su vez, el encuentro entre el Gimnasia de Jujuy y el Lanús no se pudo disputar dado que la policía no garantizó la seguridad en el estadio y sus alrededores.
Cuando se trata de hablar de fútbol, aunque sea de sus miserias, Diego Maradona se convierte en una voz autorizada. "La inseguridad está en todos lados, no le echemos la culpa al fútbol. Te pones a ver la televisión y hay un muerto acá, un muerto allá. La inseguridad es lo que te duele, no solo una muerte en el fútbol", declaró el Pelusa. "Si los ingleses terminaron con la violencia, ¿por qué no podemos terminar con ella nosotros? Los hooligans eran peor que nosotros, chupaban (se emborrachaban) y mataban". Pero la Argentina no es Inglaterra y esa distancia que las separa en terminos históricos, económicos y políticos se refleja en la manera de resolver las urgencias.
Los matones de las barras bravas argentinas están íntimamente ligados a caudillos políticos bonaerenses. Forman parte de un mundo atravesado por la ilegalidad. Y esos métodos son los que llevan a las tribunas.
El relato sobre la muerte de Emanuel quedó ayer desvelado. Una adolescente que iba en uno de los buses que se dirigían al estadio del San Lorenzo, en una de las zonas más calientes de Buenos Aires, contó cómo sucedió: "Un tipo se bajó de un coche blanco y le pegó un tiro. Tenía una camiseta del San Lorenzo".
Julio Baldomar Dinti, directivo de Vélez, estaba indignado: "El jefe de la policía me dijo que no había pasado nada. Acá no hay actitud política. Este es el único lugar donde el Estado no se hace cargo de la seguridad". Para Héctor Baldassi, el árbitro del partido que nunca se jugó, la desgraciada suerte de Álvarez pudo haberse evitado. "Acá hay un responsable: el encargado de la seguridad del fútbol, que todos conocemos...", dijo señalando a Javier Castrilli, exárbitro y subsecretario de Seguridad en Espectáculos Deportivos.
“De las tribunas se puede regresar/ tan solo hace falta ser de masa gris… por un color, sólo por un color/ no somos tan malos todo va a estallar”, canta Spinetta. Seguro que el señor Castrilli no sabe de lo que está hablando.