domingo, 09 de marzo de 2008 21:25
Abel Gilbert
La indiscreción del psicólogo
Se ha dicho hasta el hartazgo que Buenos Aires es una ciudad 'psi'. Esto es, una ciudad saturada de todas las variables psicoanalíticas, desde el casi decimonónico diván freudiano a los que mezclan el conductismo, la gestalt, la hipnosis y hasta las técnicas de los chamanes indígenas. La hija de Jacques Lacan, el hombre que provocó el cisma del psicoanálisis en la segunda mitad del siglo pasado, se sorprendió una vez por la cantidad de psicoanalistas y terapeutas por habitantes que tiene la capital argentina. Elisabeth Roudinesco, la gran biógrafa de Lacan llegó a la misma conclusión. ¿En qué otra ciudad del mundo hay un barrio que se llama Villa Freud? En Buenos Aires, claro. Villa Freud ocupa parte de lo que se conoce mejor como Barrio Norte. Las calles Larrea, Arenales, Puyerredón, son las líneas principales que atraviesan el 'mapa analítico'.
El fenómeno de expansión del psicoanálisis en Buenos Aires estuvo asociado a la amplia y culta clase media. La figura del analista recorre la narrativa, la música (Astor Piazzolla incluyó su Aria de los analistas en la 'operita' llamada María de Buenos Aires) y la ficción televisiva. Alberto Olmedo, el gran cómico argentino, muerto en 1988, y objeto hoy de diversas expresiones de cariño y reverencia, solía representar en la pantalla al profesional libidinoso que solo pensaba en tener sexo con su paciente. Vulnerables, una ficción televisiva de cinco años atrás, mostraba a un analista conflictuado (parecido en cierto sentido a Jennifer Melfi, la terapeuta de Tony Soprano) y preplejo por la obesidad de su hijo.
La crisis del psicoanálisis en Villa Freud ha sido la combinación de la pérdida de poder adquisitivo de la clase media y de la erosión de las certezas que le habían permitido tener tanto peso cultural (e intimidatorio). Así y todo, su propagación sigue siendo sorprendente. Hace poco cobró cierta notoriedad un tal Fabio Lacolla, conocido como Doctor Poroto, quien se ha presentado en sociedad como el psicoanalista de los músicos de rock. Llegó a escribir hasta un libro sobre la “psicología del roquero”, figura a la que le aconseja “percibir la crueldad del público”. El Doctor Poroto no tuvo, claro, la notoriedad del psicoanalista mediático Jorge Bucay, suerte de gurú bonachón que quiso ser luego una especie de Paulo Coelho argentino y cuya estrella decayó al confesar que había plagiado a la filósofa española Mónica Cavallé en uno de sus libros.
Ahora es el turno de Gabriel Rolón. Este psicoánalista ha saltado a la fama por Historias de diván, un libro convertido en fenómeno editorial y que se basa en los testimonios de algunos de sus pacientes. Como no podía ser de otra manera, Historias de diván mereció la condena del 'mundo psi'. El libro fue también objeto de controversia en la todavía muy poblada Facultad de Psicología. “Por lo que dicen los números yo vendí más que Shakespeare”, le ha dicho Rolón al diario Página 12 con un desparpajo inusual (¿Qué diría si lo habría escuchado Marie Langer, la austríaca formada en el Instituto de Psicoanálisis de Viena, brigadista internacional en la Guerra Civil española y protagonista fundamental de la época de oro del psicoanálisis en Buenos Aires, hasta que tuvo que huir de los militares, en 1976?).
Condenado por frivolizar la intimidad de quienes han llegado hasta su consultorio y convertir las confesiones en mercancía, Rolón se defiende diciendo que ha elegido personas que sabían que no iban a ver alterado su tratamiento psicoanalítico. A esas personas, dijo, les pidió además autorización para llevar al papel sus testimonios. Página 12 quiso saber por qué Rolón se abstuvo de hacer un recuento de las pasiones tortuosas en Historias de diván. Y el psicoanalista respondió: “Qué me cuentas del chico que está dando vueltas en el coche con el pene para afuera esperando para mostrarlo en una esquina? ¿Qué te parece una mujer que piensa que hay que morirse joven porque la vejez es algo terrible y a evitar? ¿No te parece oscuro? Creo que estás siendo injusto...”. Rolón sigue atendiendo en su consultorio de la calle Larrea. Su cuenta bancaria goza de muy buena salud.