Eran las 4.30 de la madrugada y en muchas ventanas aún se veía la luz tenue de las lamparillas de noche, las imágenes parpadeantes de las teles. Era verano, 30 grados a esa hora tan tardía, y en la calle de Guifré nadie dormía: ruido, calor, teles a volumen bajo, radios lejanas, despertadores a casi cada hora, gritos de amantes. A las 4.30, se escuchaba el despertador de los panaderos; poco antes había sido el de los descargadores del Mercabarna y solo una hora después lo harían el de los fieles a la mezquita de la calle de Hospital. Guifré era a esas horas lo más parecido a la Rambla, pero en vez de turistas el desfile era de trabajadores, de curritos. Los vecinos aguantaban con esa paciencia infinita que da vivir en verano en una calle estrecha del Raval. Era como cualquier otra noche hasta que a las 4.35 pasaba algo que rompía la calma tensa de esa noche de verano. Tres estadounidenses pasaban por la calle cantando a todo pulmón el himno de Estados Unidos. Los despertadores, el calor, las teles...eran solo el callo de cada noche, pero que tres niñatos, tres turistas, se creyeran los reyes de la calle era demasiado para el civismo vecinal. Todo tiene un límite.
La primera que se asomó al balcón fue la señora que de día ponía rectos a los que tiraban la basura en cualquier lado. De hecho ese es su rol en la calle. Una especie de policía cívica que cualquier ayuntamiento querría tener en plantilla. La señora espetó: "Ya callaos, iros a vuestra casa" y ese grito de guerra hizo que otros dos vecinos se asomaran al balcón lanzando improperios a los turistas que, ajenos a todo, seguían con sus cánticos patrióticos. El señor del 7 los reprendió por turistas, por incívicos, por borrachos, por maleantes y, sobre todo, por ingleses. El del 6, solo por borrachos. Un muchacho en un balcón de la acera de enfrente, en el 9, corrigió al del 7 y le informó que los de abajo eran estadounidenses. Entonces empezó una escena que solo puede pasar en una ciudad como Barcelona y en un barrio como el Raval:
- "Perdona, hijo, pero maleantes e hijos de puta hay en todos lados", le dijo el señor el eñor al joven
- "Es que hablan que no se entiende y una siempre piensa que son ingleses", dijo la señora justificando al vecino del 7
- "Yo soy inglés. Ellos son estadounidenses", se rió el joven
- "Pues, lo siento", dijo el señor del 7
- "No pasa nada, buenas noches", contestó el joven y encendió un pitillo.
- "Buenas noches", dijo la señora y se metió adentro
Los turistas ya habían desaparecido por la calle de Joaquin Costa. Ninguna ventana se cerró, se siguieron escuchando la radio, las teles. Se encendió el motor del taxi que cada noche abandonaba la calle a las 5. Faltaba media hora para el desfile de fieles. Una noche de julio en Guifré.