Un vecino descansa sentado en una silla en el rellano de una escalera. Tres, cuatro pisos son muchos con la compra a cuestas. Dos jóvenes cargadas con cajas pasan y el señor, pese al cansancio, les ofrece su ayuda. De ese edificio cuelga un corazón rojo que ilumina la calle. El corazón parece recordar que en la ciudad también es posible la amabilidad entre vecinos.

En la calle de Guifré, en el Raval.

 

SANTIAGO BARTOLOMÉ En el edificio de la calle de Aribau no se encuentra ninguna fecha ni portero alguno que pueda explicar la presencia de ese indio en la fachada. ¿Capricho de indiano? Con solo observarlo, se intuye que fue guerrero. Mirada fiera, cabeza altiva, penacho florido. Sus ojos parecen no perder ni un detalle de lo que pasa abajo. En su interior, unas mujeres mueven el vientre en una academia de danza oriental. Quizá le hagan cosquillas, pero él no sonríe.

 

En la calle de Aribau, 46


Condiciones del paseo olfativo: mantener los ojos cerrados y la nariz entrenada. ¿A qué huele Frente a la Biblioteca de Catalunya? A naranjos, a miseria y a porros mal hechos por manos de estudiantes. En el Institut d'Estudis Catalans: a camelias. En las paradas de payesas de la Boqueria: a rábano, a naranjas, a sudor. En la calle del Carme, a chocolate, a café, a contenedor. ¿A qué huele donde se encuentra ahora? Nos los cuenta.

FRANCESC CASALS

Hay calles desiertas de verde y solo tapizadas por la gris polución. Algunos vecinos lo remedian poniendo geranios rojos o, en tiempos de sequía, cactus. En la calle de Avinyó, un vecino ha tapizado su balcón de plantas. Dice el dueño del bar, justo debajo de ese balcón, que al hombre le gustan las plantas y que ese rincón es uno de los más retratados de la calle. El verde atrae a la gente. En el balcón, la cortina de plantas cambia cada día.

En el número 34 de la calle de Avinyó.

Stefanie Kremser, escritora alemana que vive en Barcelona, me puso sobre la pista el sábado. De hecho, en esto de la pista caí en cuenta más tarde. Kremser, que da vida a una investigadora privada llamada Anne Silber y que está acostumbrada a eso de la intriga, me dijo que en Barcelona algunos menús de restaurantes son literalmente traducciones del castellano o catalán al inglés. Al principio, no lo entendí y la verdad no le vi la gracia. ¿Literalmente? ¿Qué significa? Ella se puso a reír y me dijo que lo de literal venía porque estaban hechas a golpe --a consulta-- de diccionario. Así en algún restaurante la carta de platos aparece en inglés como The Letter, tal y como sería la traducción literal de carta en inglés. Aún me dijo otro mucho mejor: en algún puesto de la Boqueria han traducido mel i mató como honey and killed. Cualquier inglés que lo lea pondrá cara de sorpresa y hasta de agobio. El cartel le anuncia que ahí venden miel y asesinato. Kremser me lo dijo el sábado en una cafetería de Gràcia. Hoy me di una vuelta por la Boqueria y no encontré el puesto; desde el sábado busco The Letters en los restaurantes. Nada de nada. ¿Alguien sabe algo? ¿Alguien me da otra pista?

Una cotorra y una paloma en un carril bici. ELISENDA PONSLa cotorra observa la escena desde la lejanía. Unas palomas se pelean por algo no identificable en el suelo. Con cautela, la cotorra se mete en el círculo. Como ellas, cabecea y camina como dando saltitos. Cuando está en el epicentro, alarga una pata y les quita la presa. Ellas ni se enteran. La cotorra mutó en paloma. Las palomas emprenden el vuelo y casi chocan con dos japonesas, que, asustadas, gritan histéricas.

 

Algunas esculturas pueden verse de dos maneras. El pedazo de hierro, o a través de su sombra. Tanto el caballo como su jinete, Ramon Berenguer III, se proyectan en las noches en uno de los edificios que colindan la plaza que lleva el nombre del conde. Tras una de las ventanas alguien trabaja, lee o duerme con la cabeza del noble espiando en su balcón. Siempre hay alguien que se da cuenta de la indiscreción.

En la plaza de Ramon Berenguer, cerca de las murallas.

¿Conoces otras sombras? Hay una en paseo de Gràcia....¿sabes cuál es?....

El cartel de la estación central de bomberos de la calle de Provença. SANTIAGO BARTOLOMÉ
"Se trata de un cartel útil". "Es un cartel de los años 30, como el edificio". "Es un cartel bonito, cariñoso". Tres peatones frente al cuartel de bomberos de la calle de Provença y tres maneras muy diferentes de leer y ver una única palabra en un cartel. Lo cierto es que pocos carteles consiguen lo mismo que este. Una sola palabra de color rojo lo dice todo: Bombers y, además, deja entrever lo que hay dentro.

En el parque central de bomberos, en la calle de Provença.

Dragón en el Paseo de Gràcia. SANTIAGO BARTOLOMÉSon un ejército de dragones y han tomado la ciudad: la escrutan desde arriba. Los humanos cuentan hasta 29 los lugares colonizados por estos seres de fuego. En el de Pla de la Boqueria vive el más exótico. Hay hasta manadas: 556 dragones de hierro observan el paseo de Gràcia desde los balcones del número 75. Y los hay solitarios. El que se enrosca en el pináculo del edificio de paseo de Gràcia 26 es el más fiero.

Este es el artículo que se publicó en la versión impresa de El Periódico, el jueves 22 de mayo. Ese mismo día una lectora llamó preguntando si existía tal ruta. En realidad, yo no sé si existe tal ruta como tal. A mí, ese dragón siempre me ha intrigado desde que llegué a Barcelona. Un animal tan fiero que te mira desde la azotea de un edificio, aunque sea de piedra, provoca escalofríos. Leer más

El gris se expandeNo haga fotos, por favor. Abra los ojos, afile la nariz y siéntese, por favor, siéntese. El muelle de pescadores es mucho más que una postal de ciudad; es casi un recuerdo. Es parte de esa ciudad gritona, marinera, vieja, sin prisas y real que desparecerá cuando el último lobo de mar se jubile. Ya quedan pocos. Las redes están quebradas y el mar tiene ese color gris que, dicen los expertos, evoca Barcelona.  

Al final de la calle de Escar, en la Barceloneta

Cada obra tiene sus seguidores incondicionales. Son jubilados que se reúnen para comentar avances, desperfectos y hasta aspectos técnicos. Algunos, dicen, se conocieron en el corrillo, tras la reja. 11 de la manaña en la calle de Balmes. Uno de los jubilados señala a un operario. Lo observan. Al corrillo no le parece bien lo que hace. Estos hombres son el reloj, la cronología y el público de la obra. Días de sol y polvo.

Obras en la calle de Balmes, entre Provença y Rosselló, en Barcelona.
 

Aseguran que hay 13 debajo de la ciudad. Se sabe que una de ellas se llamaba Correos. Afirman que de ellas ya no queda nada. Solo el recuerdo. Son las estaciones de metro fantasma. "Yo venía con mi padre", explica una empleada de Correos. Un joven pasa por encima de las rendijas donde algunos, con mucho esfuerzo, ven las escaleras. La cerraron el 20 de marzo de 1972. La habían inaugurado en 1934.

Justo frente a la escalera de la central de Correos, en Via Laietana.

Encontré un link interesante que enumera todas las estaciones fantasma que hay en Barcelona:

¿Has visto alguna estación fantasma? Dicen que la de Correos se ve si te pegas al cristal de metro entre la estación de Sant Jaume y la Barceloneta. Yo, por ahora, no lo he conseguido. 

 

En la plaza de la Acadèmia.

Una ventana azul. Bicicletas, el estruendo del motor de escape de una moto, bares de diseño con sillas vacías, tiendas, turistas arriba y abajo de la calle de Carders, el sonido de una bachata se cuela por la puerta de un locutorio, más motos a todo gas, una pandillita que mira con codicia el bolso de una turista, una palmera solitaria, calor de mayo urbano, un edificio en obras y, al final, una ventana al cielo. Sin imágenes, solo azul.

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