Las campanas de la iglesia del Pi tocan las 11.00 y las agujas de ese reloj se encaminan hacia el mediodía. Las 11 tocadas y paso apurado. Es casi un impulso. Oyes el redoble y los pies se disparan. El impulso solo se mantiene unos segundos y, luego, todo vuelve a la normalidad. Me encamino hacia la calle de Petritxol y en mi inconsciente soy consciente que ya son las once. Las campanas ya tocaron. En la esquina de Rambla con Carme, las campanas vuelven a tocar las 11. Hay un desfase de unos dos minutos en ese redoble inventado. No eran 11 tocadas; como mínimo en esa esquina. El tiempo es relativo; otro invento.