Un vecino descansa sentado en una silla en el rellano de una escalera. Tres, cuatro pisos son muchos con la compra a cuestas. Dos jóvenes cargadas con cajas pasan y el señor, pese al cansancio, les ofrece su ayuda. De ese edificio cuelga un corazón rojo que ilumina la calle. El corazón parece recordar que en la ciudad también es posible la amabilidad entre vecinos.

En la calle de Guifré, en el Raval.