Se ha hablado mucho estos días del boicot chino a Carrefour. Así, sin matices.

Estuve en el Carrefour de Pekín el primer día de las protestas, y no había más de treinta jóvenes. No estuve el 1 de mayo, cuando supuestamente se iniciaba otro boicot de tres días, pero un colega me describió las protestas: un idiota disfrazado de ninja quiso entrar con una pancarta, la policía se la quitó, y los que estaban comprando, que no manifestantes, rieron y gritaron un poco. Hubo más protestas en centros de Xian, Chongqing, Shenyang y Changsha, que concentraron a unos miles.

Tenemos, pues, protestas en cuatro de los 112 centros de Carrefour en China. Tenemos a unas decenas de manifestantes en Pekín, de 15 millones de habitantes. Tenemos a unos miles de manifestantes en todo el país, de 1.300 millones de habitantes. Y tenemos titulares como "China protesta contra Carrefour", "Boicot chino a Carrefour" o similares. Leer más


Hablé de la diplomacia taiwanesa del dólar durante las elecciones de marzo. En esencia, Taipei intenta frenar con generosas inversiones a fondo perdido el irrefrenable trasvase de países a la órbita de Pekín, que exige la rotura de relaciones diplomáticas con Taiwan y la asunción del principio de "una sola China". A pesar de que la diplomacia sangra sus arcas, Taipei apenas conserva una veintena de países de peso mosca.

La absurda diplomacia del dólar trasciende estos días. A Taiwan se le han perdido 30 millones de dólares de camino a Papúa Nueva Guinea. En 2006, Taiwan les dio el dinero a dos comerciantes para que mediaran en la  "mejora de los lazos" con el país del Pacífico. Más claramente, para convencerlo de que rompiera las relaciones con Pekín y las estableciera con Taipei. Leer más


Jin Jing ha relevado estos días en la prensa china a las cinco niñas chinas encerradas en una tienda y quemadas vivas por tibetanos durante la revuelta de Lhasa que en occidente muchos aún creen pacífica. El relevo parisino de Jin, la guapísima minusválida, tiene una fuerza icónica invencible: zarandeada y golpeada por manifestantes protibetanos, salvada la antorcha bajo su cuerpo mientras grita dónde está la policía, y salida del desigual combate con lágrimas y el labio magullado, pero digna y victoriosa, aferrada al fuego olímpico entre los vítores y gritos de los chinos en las calles de París: "¡Chica, sé fuerte!", "¡Adelante, China, adelante!". "En ese momento sentí que toda la madre patria me apoyaba, y tuve el presentimiento que los Juegos serán un éxito", dijo después Jin.

Jin es el símbolo de la resistencia china a los agentes extranjeros que persiguen la ruina olímpica. "El ángel sonriente en silla de ruedas", "la relevista más guapa", "la heroína que protegió la antorcha con su cuerpo", se la describe en la prensa. "Eres guapísima, pero tu corazón aún lo es más", "gracias por proteger el orgullo chino", "venceremos", se lee en los blogs. La historia ha sido detalladamente descrita por testigos, y muchos chinos reconocen que han llorado al leerla. Jin la ha repetido en los medios chinos. La foto en la que aprieta la antorcha contra su cuerpo tiene el aroma de lo perdurable. 

Leer más

Zhang Shufan era una desconocida hasta que habló brevemente en un programa televisivo que anunciaba otra campaña contra los contenidos indebidos en la red. "Buscaba información en internet cuando una ventana surgió de repente. Era muy amarilla, muy violenta. La cerré enseguida", contaba la Lolita de 13 años con el susto aún fresco. El erotismo chino no es verde sino amarillo, y la frase triunfó. Se han creado webs con ella, circulan fotos, vídeos y caricaturas. Hay clasificaciones sobre las webs más amarillas y violentas. Zhang ha desoído el clamor que le suplica el nombre de la que la perturbó, y su padre ha denunciado la crisis que sufre por tanta burla.

Carece del regio lustre del "¿por qué no te callas?", pero ha ido mucho más allá. Todo es amarillo y violento en los últimos meses. ¿Qué tal tu fin de semana? Muy amarillo, muy violento. ¿Has visto la versión sin censurar de Deseo, peligro? Muy amarilla, muy violenta. Es una de las frases de éxito que se repiten estos días en cualquier esquina. Hay más, también de generación espontánea.

Los cantantes en Hong Kong frecuentan menos el lado salvaje que las recepciones con políticos. Gillian Chung, la mitad del grupo juvenil de masas Twins, aún iba más lejos. Censuraba a los famosos que se besaban en público y criticaba el sexo prematrimonial en colegios católicos. Edison Chen es el actor que causó un enorme escándalo sexual tras llevar a reparar su portátil con cientos de fotos privadas de sus famosas exnovias, Gillian entre ellas.

"Cuando era joven era muy naíf y muy tonta", se excusó entre lágrimas en una rueda de prensa que no convenció a nadie. Su carrera está acabada y su boda aplazada. Si cuando era naíf se dejaba fotografiar con la cabeza tozudamente entre las rodillas de Edison y con una botella de lubricante a mano, qué hará cuando madure, se preguntaban los internautas. Cuando uno tiene un problema hoy en China, finge pucheros y dice que fue naíf y tonto.

A Edison le fue mejor. Reconoció sin matices su culpa, dijo haber fallado como modelo social, anunció que dejaba la industria del entretenimiento de Hong Kong para limpiar su alma a través de obras benéficas, recibió el perdón de la sociedad y nadie se ha molestado esta semana al saberse que en breve empezará a rodar en Singapur. Había dicho Hong Kong.

La verdad ha sido vapuleada desde que empezaron las revueltas en Lasa. Era esperable de China, una dictadura anclada en la manipulación y la censura de la Revolución Cultural, pero mucho menos de medios occidentales. Militares nepalís golpeando a tibetanos han sido constantemente presentados como chinos por televisiones y diarios. La CNN manipuló una foto de las revueltas violentísimas de Lasa, cortando a manifestantes que apedreaban un camión de soldados chinos.

"No seas tan CNN", se dice al extranjero que ve el conflicto del Tíbet como una película de buenos y malos. Por extensión, también a los que culpan a China de la ruina ecológica mundial o del aumento del precio de la leche. Es una frase anónima y aún incipiente, pero sobran naífs y tontos para augurarle el éxito.

Gordon Brown no irá a la ceremonia de apertura de los JJ.OO. de Pekín, ha confirmado Downing Street. No hacía falta: su ausencia, por causas de agenda,  ya era conocida desde hace meses, mucho antes de que estallara el conflicto del Tíbet. Brown lo ha repetido esta semana: su decisión era previa y no tiene relación con el boicot. Pero la noticia ha sido ampliamente divulgada en la prensa occidental en grandes titulares.  El contexto se explicaba muy abajo, o no se explicaba, así que Brown ha pasado a incluirse en la lista de boicoteadores junto a Ángela Merkel o Sarkozy.

Las ceremonias de inauguraciones de los JJ.OO. atraen a buena parte de los mandatarios mundiales. Pero a éstos se les presupone una agenda cargada o una buena lista de problemas internos a resolver. Basta repasar las anteriores inauguraciones olímpicas para comprobar insignes y variadas ausencias. Convendría recordarlo antes de identificar automáticamente a cada ausente como un boicoteador.    

Se suele meter estos días en el mismo saco a Ángela Merkel y Nicolas Sarkozy porque aquella no irá a la ceremonia de inauguración de los JJ.OO en protesta por la política de derechos humanos de China y éste es probable que tampoco.

Merkel es, probablemente, la única líder europea que trata con honesta beligerancia los derechos humanos en Pekín. Lo habitual es que las delegaciones diplomáticas suelten a los chinos un par de generalidades o abstracciones antes de largarse con jugosos contratos económicos bajo el brazo. Para China es un trámite indoloro, y al país en cuestión le basta para salvar la cara ante su opinión pública. "Les hemos mostrado nuestra más enérgica postura, y se han mostrado muy abiertos a considerarla", es una fórmula habitual. Leer más


La llegada de la antorcha olímpica a Pekín estuvo envuelta en "excepcionales medidas de seguridad". También hubo "excepcionales medidas de seguridad" en la ceremonia del encendido en la plaza de Tiananmén. Ese fue el titular global, que solía completarse con coletillas como "para evitar protestas como las de Grecia". Tiene el innegable valor de subrayar el carácter de estado policial de China. Y soluciona el problema periodístico del titular, especialmente grave si no pasa nada en la llegada de la antorcha y la ceremonia es el previsible tostón.

El problema es que el peligro de protestas en Pekín no existía, como se demostró después, y no por las "excepcionales medidas de seguridad", sino porque los chinos apoyan sus Juegos Olímpicos y suelen mirar a los tibetanos como revoltosos desagradecidos. No he encontrado a nadie en Pekín, extranjeros incluidos, que tuviera dudas de que la antorcha, al menos en Pekín, respiraría tranquila. Leer más

Hay coincidencias en los casos de Ren Xiaofeng y Xu Ting. Ambos robaron un banco, fueron capturados y despertaron la simpatía general. Ahí acaban: el primero ha sido ejecutado y el segundo saldrá a la calle tras cinco años de cárcel.

Ren, ajusticiado ayer junto a su socio Ma Xiangjing, protagonizaron un robo tan audaz como estúpido: desfalcaron 4,6 millones de euros del banco donde trabajaban como guardias de seguridad y se los gastaron en lotería con la certeza de que les tocaría el gordo y podrían devolver lo sustraído discretamente. Lo conté ya en su día. Sorprende la dureza de la sentencia: China ha elevado el listón de la pena de muerte a los casos realmente graves. Ni Ren ni Ma utilizaron la violencia. Al final pesó más el fin ejemplarizante de la justicia china y la cuantía del robo, el mayor de la historia en el país.    Leer más

Tren y antílopesDespués del tigre que no estuvo ahí, los antílopes que llegaron demasiado pronto o demasiado tarde. La foto de la izquierda no es una cualquiera: fue premiada en el Concurso de Fotoperiodismo de 2006 que retransmite en directo la TV pública, salió en más de 200 medios chinos y bastantes extranjeros. Y mucho más importante aún, dio aire al Gobierno cuando ecologistas de medio mundo alertaban del desastre ecológico causado por el tren del Tíbet, el más alto del mundo. La foto muestra la coexistencia armoniosa de la alta tecnología y la vida salvaje.

Tampoco el autor es un cualquiera. Liu Weiqiang es un habitual de los medios chinos más prestigiosos y ganó el premio en un concurso nacional de 2002 con una espectacular foto de una tormenta de arena. También es un tenaz ecologista, habitual en las campañas para salvar de la extinción al antílope. Tras ser premiado por la foto, dijo haber tenido que esperar ocho días con sus ocho noches en una desértica y fría zona a 4.000 metros de altitud.

La foto es falsa. A algunos expertos ya les había extrañado que la veintena de antílopes, extremadamente tímidos y huidizos, trotara alegremente con el tren a sus espaldas. La prueba llegó más tarde: un internauta amplió la foto y vio una línea roja que parecía la unión de dos fotos diferentes. Leer más

Desde que a sus 24 años dejó atrás el palacio Potala a galope y disfrazado de guerrillero para engañar a las tropas chinas, Lhamo Dondhup, más conocido como dalái lama, ha abrigado un sueño: morir en el Tíbet. Hoy tiene 72 años y, con las relaciones con China arruinadas, su deseo es más que nunca eso, un sueño. Por si había dudas, un alto político chino le sugirió esta semana tras la revuelta que asumiera la idea de no volver a pisar las nieves del Himalaya tibetano y conformarse con Dhramsala, la ciudad india donde está la sede del Gobierno en el exilio.

La relación entre el dalái lama y China nunca ha sido fácil, aunque las complicaciones han variado de intensidad. El dalái lama se esforzó en aliviarlas. Hace tiempo que no reclama el gran Tíbet, que incluía parcelas chinas, ni exige un "autogobierno auténtico". Renunció a la independencia, apoyada aún por los sectores del exilio más radicales, en favor de una más factible "autonomía verdadera" que preserve la identidad cultural, lingüística y religiosa. Se hizo evidente en una histórica entrevista a un diario de Hong Kong en 2005: "El Tíbet es parte de China", fue el titular.

Pero China no quiere darle privilegios frente a otras provincias que, como Xinjiang, esgrimen parecidas quejas (repoblación a base de chinos, disolución de la cultura musulmana propia) pero no han encontrado a una estrella de Hollywood que les ampare. La petición del dalái lama de aplicar la fórmula de "un país, dos sistemas" vigente en Hong Kong fue rechazada de plano porque, según Pekín, el Tíbet ha sido China siempre y no se puede hablar de restablecimiento de soberanía. Leer más

La olla a presión tibetana volvió a estallar ayer, llevada al punto de ebullición por los conflictos religiosos, nacionalistas y étnicos desde que las tropas chinas entraran en 1950 en el país del Himalaya. La relación entre Pekín y Lasa está salpicada de capítulos sangrientos. Los 10.000 muertos en las revueltas de 1959 obligaron a miles de tibetanos a emigrar con el dalái lama a la India, sede desde entonces del Gobierno en el exilio. China decretó el estado de excepción en 1989, tras tres días de incidentes.

Estos 57 años de relación se explican de forma muy diferente en Lasa y en Pekín. Los tibetanos denuncian la falta de libertad religiosa, la política de diluir su cultura y una represión genocida. Según sus cuentas, China es responsable de un millón de muertos y del encarcelamiento de 175.000 tibetanos.
Pekín defiende que sus tropas liberaron al pueblo tibetano del yugo teocrático de los lamas, un anacronismo medieval que había convertido a la región en una de las más pobres del mundo.


China subraya los esfuerzos para desarrollar el aislado Tíbet. Su economía ha crecido el 12% en el último lustro (un ritmo superior a la media nacional) y recibirá inversiones hasta 2010 de casi 10.000 millones de euros en infraestructuras, educación y seguridad social. El Tíbet es la provincia que más dinero recibe de Pekín en los últimos años. Cuando a un chino se le pregunta por los tibetanos, suele responder con desdén que son unos desagradecidos. El dalái lama reconoce las mejoras económicas, pero reclama mayores libertades. Leer más

Un restaurante, en GuijieGuijie es un escaparate culinario nacional. En kilómetro y medio se concentra un centenar de restaurantes de todas las provincias chinas, Taiwán incluida. La competencia es fuerte y muchos relaciones públicas abordan al peatón medianamente cercano. En los últimos años también han abierto restaurantes extranjeros. El ruso sirve filetes sin la concienzuda mutilación china y en el brasileño suena Caetano Veloso. Están tocando, así que es habitual ver a sus relaciones públicas disputarse a los clientes, uno con gorro siberiano de orejeras y otro con camisa hawaiana, chinos ambos.
 

Guijie significa calle de los fantasmas porque las antiguas tiendas de verduras abiertas de noche usaban lámparas de queroseno. Hace 10 años fue reformada y ampliada y el Gobierno le cambió el nombre: Guijie, de igual pronunciación pero diferente escritura. La nueva acepción se refiere a una antigua vasija de dos asas para transportar comida. Se colocó una enorme escultura de una vasija en la entrada de la calle para defender el nombre, pero los chinos siguen hablando de fantasmas.

Los restaurantes han heredado la costumbre de abrir sin interrupción y hoy son la única opción entrada la noche. Es entonces cuando los miles de farolillos rojos le dan un aspecto único, casi mágico. La mayoría son restaurantes tradicionales, pequeños y honestos, de clientela heterogénea. Sus bajos precios preservan el perfil popular, pero es habitual ver aparcados ostentosos coches de quienes echan de menos las recetas de la abuela. Da igual la hora y el día, en Guijie nunca falta ambiente. La milenaria vinculación china de gastronomía y celebración ha hecho de Guijie una Canaletes pequinesa donde festejar los raros triunfos de su selección de fútbol. Cuando Pekín fue designada sede olímpica, miles de ciudadanos cantaron, bailaron y comieron 5.000 kilos de langostas picantes hasta el amanecer. Leer más

China se podría ahorrar muchos problemas con un buen Relaciones Públicas. Uno que, por ejemplo, supiera que una visita del Dalai Lama al Congreso de EE.UU. sin pataleta china es un breve o una media columna en día de secano informativo y que una visita del Dalai Lama al Congreso de EE.UU. con pataleta china son dos días de portadas con publicidad para la causa tibetana. Cosas básicas, como la del presupuesto militar.

China lo anuncia durante la apertura de la Asamblea Nacional Popular, con miles de periodistas pendientes. El Ejército chino tiene desde hace años el privilegio de ser el único del mundo cuya presentación presupuestaria goza de portadas. Hay países que gastan mucho más en silencio. Estados Unidos, por ejemplo, acaba de aprobar el mayor presupuesto de Defensa de la historia.

El periodista no tiene margen, en el titular sólo cabe el dato y la noticia es meridiana: China aumenta un 17,8 % su presupuesto militar. Es habitual que el Pentágono aproveche las fechas para presentar en el Congreso un informe sobre la amenaza militar china, un mensaje que cala en el imaginario global, a pesar de sus dudosos cimientos.

Un pollo desencadenó la crisis. El USOC (siglas inglesas del Comité Olímpico de Estados Unidos) se topó en un supermercado chino con media pechuga de pollo de 35 centímetros. "Suficiente para alimentar a una familia de ocho", aclaró un funcionario en el New York Times. Los análisis concluyeron que estaba tan atiborrada de esteroides que habría dado positivo cualquier atleta que la hubiera probado.

Con ese temor, Estados Unidos anunció recientemente que traería la comida de casa: más de 11 toneladas de proteína sin grasa para sus 600 deportistas, llegadas en barco dos meses antes de la inauguración olímpica. El plan preveía contratar suministradores y cocineros propios, al margen de la organización. La decisión llegaba poco después de que Australia diera información precisa a sus deportistas sobre qué podían y qué no podían comer. Además de esteroides, algunos alimentos en China muestran restos de  insecticidas y drogas para el engorde del ganado. 

China reaccionó con prestancia. Sostuvo que no había nada que temer y recordó que, como es norma olímpica, está prohibida en la villa la comida externa por razones de seguridad y las bebidas por compromisos con los patrocinadores. Así que los estadounidenses romperían la armonía olímpica. "Hemos luchado duro para que todos los atletas del mundo puedan comer juntos y disfrutar. Si Estados Unidos no quiere hacerlo, será una pena. Habrá comida variada y segura para todos", dijo Kang Yi, directora del catering olímpico.

Leer más

Zhuang Zedong y Glenn CowanAhora que la visita de la Filarmónica de New York a Corea del Norte ha acuñado la expresión de diplomacia de los violines, conviene recuperar la diplomacia del ping pong. De la primera se espera que desatasque el eje Pyongyang-Washington de la misma forma que la segunda desatascó el eje Pekín-Washington. Es una bella historia sobre la fuerza de la casualidad, que certifica que el aleteo de una mariposa en el Índico puede provocar un maremoto en Miami.

Se celebra el Campeonato Mundial de Ping Pong en Nagoya (Japón), en 1971. Las relaciones entre Estados Unidos y China son nulas. Ningún estadounidense ha entrado en China desde que Mao fundara la república en 1949. Los deportistas chinos tienen incluso prohibido hablar con los estadounidenses. En ese contexto la mariposa aletea. Glenn Cowan, un hippie greñudo, se equivoca de autobús y sube al chino. Intenta abrir las puertas pero fracasa y se ve forzado a un trayecto de 10 minutos con los chinos, que han visto aterrorizados las tres letras de su chándal: USA. El silencio es tan denso como corresponde a una crisis geopolítica en ciernes. Finalmente, Zhuang Zedong, tricampeón mundial, se dirige hacia él y comienza una conversación trivial con ayuda de un intérprete. Antes de bajar le regala un bordado de seda.

Al día siguiente, Glenn le corresponde con una camiseta con el símbolo de la paz y la inscripción "Let it be". La fotografía da la vuelta al mundo y llega a manos de Mao. "Zhuang no es sólo un buen deportista, sino un buen diplomático", dice. Mao invita al equipo norteamericano a visitar Pekín, donde serán tratados como reyes. Son famosas las bromas del primer ministro Zhou Enlai sobre la melena de Glenn. Leer más

Más envíos Página siguiente >