martes, 30 de septiembre de 2008 17:59
Adrián Foncillas
China derriba la dictadura (deportiva)
De ignoto a canción del verano en dos semanas. El himno chino ha acompañado el izado de una bandera roja estrellada 51 veces en los JJOO. China ha confirmado las quinielas de los expertos, que aquí nadie se atrevía a secundar por prudencia. Al medallero de Pekín le sobran argumentos históricos: China ha roto la dictadura deportiva, aquella dualidad Estados Unidos- Rusia que se repartió el liderazgo en los últimos 15 JJ.OO. También ha logrado el mayor número de oros desde los 55 de la URSS en Seúl'88. El reinado se antoja largo, por la suma de la demografía a los medios que faculta un crecimiento económico soldado al 10 %. Las declaraciones de los responsables estadounidenses ya digieren el final de los días gloriosos y preparan para una travesía por el desierto sin salida a la vista. La progresión deportiva meteórica de China sigue el paso político-económico, como siempre ha sido: la pérdida de influencia rusa es paralela a su caída en los medalleros.
Sus derrotas deportivas revelan su madurez tanto como sus victorias. Li Ning, el gimnasta del paseo etéreo previo al encendido del pebetero, fue glorificado cuando regresó de Los Ángeles-1984 cargado de medallas y vilipendiado tras llegar de vacío de Seúl cuatro años después. Su casa fue apedreada. Había ido forzado por la presión del país, a pesar de estar lesionado. Liu Xiang nunca ha disfrutado de tanta fama ni sufrirá ese desprecio. Después de la decepción inicial, la reacción a su retirada ha sido sensata. En internet se recordaba que China ya no es el enfermo de Asia que demanda héroes para sostener el orgullo nacional.
El dominio chino en algunas disciplinas ha sido desmotivador. En ping pong y salto en piscina han acaparado los oros. En gimnasia han conquistado 9 de los 14, sólo por detrás de los 10 oros rusos en Seúl. El equipo de la redención en China es el de gimnasia masculino, vilipendiado tras el solitario oro de Atenas y ensalzado por haber perdonado sólo uno en Pekín. Badmington o taewondo también han bañado en oro a los chinos. En el cuadro global hay sombras. Al saco de medallas le ha faltado el broche del tartán, esquivo por la retirada del vallista Liu Xiang. Yao Ming ha llegado hasta donde la lógica indicaba, pero la dimisión de Liu ha dolido. Persiste el estancamiento en los deportes de equipo.
Sun Tzu ya mostró el sendero 2.500 años atrás: la confrontación directa sólo lleva a la derrota, la mejor victoria es la lograda sin siquiera la confrontación de ejércitos. Las enseñanzas del Arte de la Guerra sirvieron a generales durante siglos y hoy a altos ejecutivos.
Los equipos chinos y de EE.UU. se han encontrado raramente en los JJOO. Sus tradiciones deportivas son diferentes, y China ha hecho poco por acercarlas. Su Proyecto 119, diseñado pensando en Pekín, buscaba metales en disciplinas esquivas y de poco interés global. La presencia de EE.UU en ellas es escasa. La lucha a distancia se ha revelado un éxito, porque la derrota estadounidense no deriva del auge chino. Son otros países los que han esquilmado sus caladeros, como Jamaica el de la velocidad. Tampoco el boxeo ha dado los esperados metales. "Los chinos están ganado un montón de medallas, pero no nos las están quitando a nosotros", resumió Meter Ueberroth, director del Comité Olímpico estadounidense. El histórico Ueberroth tuvo un papel clave en el regreso olímpico chino, en Los Ángeles 84, y desde entonces no ha dejado en alabarlo.
El éxito descansa en una red de 3.000 escuelas desperdigadas por todo el país que filtran a las promesas en edades tempranas. El sistema se había puesto en duda desde la perspectiva doctrinal. China es uno de los pocos países que persevera en el modelo soviético, visto desde algunos sectores progresistas como a contrapelo en la modernidad que reclama China. También es caro: según un reciente estudio del Ministerio de Deportes, cada oro le cuesta a China unos cinco millones de euros. "Si no se ha cambiado aún es porque cuando el debate estaba en su punto álgido, a Pekín le dieron los JJOO", dijo un funcionario.
Expertos occidentales han recordado sus beneficios: los estudiantes reciben entrenamiento, alojamiento, manutención y un pequeño salario. Los atletas de disciplinas menos glamorosas también pueden dedicarse en exclusiva a su deporte.
El 95 % de los campeones olímpicos chinos son hijos de este sistema, que no contempla la generación espontánea. En un país aún con discriminación laboral, más de la mitad de las medallas vienen de mujeres. "Es el mejor método para un país pobre. En Estados Unidos, los atletas tienen que pagarse el entrenador, aquí lo suministramos todo gratis. A cambio, exigimos dedicación exclusiva y esfuerzo desmedido", explica Shi Fenghua, subdirectora de la escuela Sichahai, donde entrena la elite en régimen de internado. El Estado recupera una parte de su inversión de los triunfadores, como se vio en el último Wimbledon: la tenista Zheng Jie no pudo entregar sus ganancias íntegras a las víctimas del terremoto de Sichuan porque una parte le correspondía al Gobierno.
Es probable que el éxito chino en estos JJOO enmudezca el debate: nadie cambia de caballo cuando va en cabeza. "El sistema ha mejorado, ahora también proporcionamos educación a los atletas para asegurarles un futuro. Copiaremos lo que funcione de Occidente, pero la esencia permanecerá", explica Shi.
El futuro, también el deportivo, es chino. La demografía, la estrategia milenaria y el apogeo económico aseguran un dominio sin respuesta.