viernes, 18 de julio de 2008 14:19
Adrián Foncillas
La seguridad alcanza al pato laqueado
Se acercan los Juegos Olímpicos y arrecian las noticias sobre las medidas de seguridad: los miles de estudiantes y empresarios a los que no se les ha renovado el visado, los misiles tierra-aire desplegados junto al estadio olímpico, la prohibición de entrar líquidos en el metro o el aeropuerto o el control a los extranjeros. La policía ha acudido tres veces en una semana a mi casa para urgirme a renovar mi permiso de residencia. No es nada traumático. Son dos chicas monas y simpáticas, aún en la academia, que aceptan resignadas mis torpes excusas.
Una amiga me comenta las instrucciones que ha recibido en el aeropuerto de Pekín antes de volar a Dalian, en la costa. Un inciso: el pato laqueado es el plato más típico de la capital. Es habitual que los turistas chinos regresen con un pato precocinado. Van en bolsas metálicas rojas características, ubícuas en los aeropuertos. La apariencia desalienta a probarlo, y los comentarios escuchados aún más. Ahí va lo que se escuchaba el otro día por los altavoces: "Para aquellos que lleven pato laqueado, recuerden que han de retirar la salsa antes de pasar por el puesto de seguridad".
Y un pato laqueado sin salsa no es pato laqueado ni es nada.