viernes, 06 de junio de 2008 11:06
Adrián Foncillas
Solidarios a empujones
¿Compra menos tiendas de campaña el dinero donado por un actor después de que internet desnudara su avaricia? ¿Es digno que una multinacional limpie su apoyo protibetano con millones de beneficiencia? Por encima de los debates éticos sobrevuela una certeza: la ayuda a las víctimas del terremoto es urgente y necesaria, y no hay medio malo para conseguirla.
El terremoto sacó lo mejor del pueblo chino, del que a menudo se menciona su reciente apego al dinero. Jóvenes de todo el país se dejaron el sueldo de meses en un vuelo a Sichuan para ayudar a las labores de rescate. Media docena de magnates de Hong Kong confortaban y compartían rancho con las víctimas en Yingxiw, en el epicentro del terremoto. Largas colas de donantes se formaban antes de que abrieran los bancos de Chengdú, la capital provincial. Se ha hecho famoso el mendigo que daba todas sus limosnas. Varios supermercados pusieron sus productos a disposición de las víctimas, y compañías de telefonía han dado crédito gratis en las zonas afectadas. Es posible blindarse frente a decenas de cadáveres sobre camionetas descubiertas, pero no ante una niña hambrienta que ofrece al periodista un pedazo de sandía en Jiu Long, un poblado remoto y devastado, o ante una anciana que insiste en darle uno de los dos botellines de agua que le corresponden por día mientras cuenta que ha perdido la casa y la familia.
En ese marco, perder el paso está muy mal visto. Los internautas, con un poder de presión enorme y a veces descontrolado, han fiscalizado los esfuerzos de los famosos. El actor Jackie Chan sale fortalecido en su papel de reserva moral e ídolo de masas: dio 10 millones de yuanes (diez yuanes equivalen a un euro), ha organizado galas de solidaridad y planea una película para recaudar fondos. El millón de yuanes y la recolecta de fondos organizada en Cannes han redimido a la actriz Zhang Ziyi , un blanco habitual de la red tras representar a una prostituta japonesa en la película japonesa "Memorias de una geisha" o cantar en playback en la gala de fin de año.
En tiempos de crisis se busca al héroe, y se esperaba mucho más del baloncestista Yao Ming. Su recuperación para los JJ.OO. es una cuestión de interés nacional. El medio millón de yuanes donado se juzga muy escaso, y aún duele más que diera el doble a las víctimas estadounidenses del huracán Katrina. El nombrado camarada ejemplar por el Partido Comunista tuvo que añadir otros dos millones.
El peor parado es el actor y cantante hongkonés Andy Lau. Hay acuerdo en que sus 100.000 yuanes son calderilla. Este blog da el tono: "Te veo en las películas, escucho tus discos. Sólo quiero decirte algo: ¡bastardo egoísta¡ Si buscas en tu sofá, seguro que encuentras más que esos 100.000 yuanes. Tengo mucho menos dinero y he dado lo mismo. Conozco a una profesora de inglés que se llamó Andy en tu honor. Por favor, redímete. Rebusca en el cajón de los calcetines y lleva lo que encuentres a la Cruz Roja más próxima. Sé en la vida real lo que eres en las películas".
También las empresas han participado en esa carrera benéfica. En una gala televisada reciente, varios de sus propietarios posaban sujetando un cartel con el nombre de la compañía y la cantidad donada. Los refrescos de la marca Wanglaoji se han hecho célebres tras dar 100 millones de yuanes. La reacción de las compañías nacionales ha sido rápida y generosa, en consonancia con los valores tradicionales chinos, y en contraste con las multinacionales.
Pocos días después del seísmo ya corría un sms con una lista de los "gallos de acero" (como se conoce a los avaros en China por carecer de plumas que perder): Coca Cola, KFC, McDonalds o Nokia. Las listas se renuevan a medida que las empresas suman ceros, pero el proceso es poco fiable. Las multinacionales expresaron su preocupación por la campaña al Gobierno. Poco después, el ministro de Comercio, Chen Deming, aclaraba que sus donaciones habían sido suficientes.
Ni las palabras de Chen ni las excusas de las multinacionales han calmado la red. Sus donaciones, explicaron, necesitan el acuerdo de sus sedes, y las primeras sumas datan de cuando se desconocía la gravedad del terremoto. "No puedo volar inmediatamente a Finlandia para pedir una suma tan grande", sostiene Xiao Jiyun, vicepresidente de Nokia en China.
La ética empresarial occidental o la prioridad de satisfacer a los accionistas son incomprensible para los chinos, que subrayan lo que aporta China en sus balances anuales. Un empresario reveló una verdad incómoda: los desastres en China son habituales, y la solidaridad sistemática se convierte en una carga. El terremoto ha salvado la cara a Carrefour, criticada por su supuesto apoyo al Dalai Lama. Ahora sólo se menciona la rapidez con que soltó 23 millones de yuanes.