jueves, 05 de junio de 2008 14:26
Adrián Foncillas
La corrupción no tiró las escuelas
Sostenemos los corresponsales de por aquí estos días un fragoroso debate sobre por qué cayeron las escuelas en el terremoto de Sichuan. Las referencias a la corrupción fueron constantes desde los primeros días. Se argumenta que muchas escuelas eran lo que aquí se conoce como proyectos tofu, es decir, edificios levantados con menos presupuesto del escriturado, y cuya diferencia se reparten el constructor y los Gobiernos locales. También se recuerda la costumbre de éstos en levantar sus excelsas sedes mientras escatiman en colegios u hospitales. Un esforzado artículo del Internacional Herald Tribune recordaba recientemente un caso significativo en Fuyang, provincia de Anhui. No veo en esos argumentos más que los habituales prejuicios con que China es mirada desde Occidente, incapaz de dar tregua ni siquiera después de 90.000 muertos. Como dice un colega, recordar que el terremoto fue de 8 grados parece de mal gusto.
El debate está mal enfocado. La corrupción en los entes locales es sistemática y mastodóntica. Lo que se plantea es su incidencia en la caída de las escuelas. Las escuelas cayeron porque tenían que caer. Sichuan es una de las provincias más atrasadas de un país en desarrollo, y en ese marco lo raro sería una escuela en buen estado y construida con materiales caros. Vi de cerca los restos de la famosa escuela de Dujiangyan, donde quedó sepultado un millar de estudiantes: cemento prefabricado, yeso y ladrillos de arcilla. No había rastro de acero para reforzar las estructuras internas. Con o sin corrupción, esa es la escuela que uno espera encontrar en Sichuan. O, por ejemplo, en Argelia. O en Marruecos. O en Turquía. O en Pakistán. Esa es la escuela que no tiene ninguna posibilidad frente a un terremoto de ocho grados.
Las escuelas son las primeras en caer durante un terremoto en zonas subdesarrolladas. Es tan dramático como incontestable. Así ocurrió recientemente en Argelia, Marruecos, Turquía y, especialmente, Pakistán: murieron 17.000 niños y cayeron 7.000 escuelas. Incluso ocurrió en el sur de Italia. Las escuelas se derrumban "rutinariamente" durante los terremotos, concluía un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Unos dicen que es por su tamaño medio, el menos resistente contra un seísmo. Otros, que son menos rentables que las viviendas y se levantan con lo mínimo. Sea lo que sea, la caída de escuelas no es un hecho diferencial chino.
¿Corrupción? Las escuelas no habrían caído así en Shanghai, y nadie rivaliza en corrupción con Shanghai. El año pasado se descubrió ahí el mayor escándalo de las últimas décadas: una trama encabezada por Chen Liangyu, líder del partido en Shanghai, trincó la tercera parte de los fondos de pensiones. La diferencia entre Shanghai y Sichuan no es la corrupción, sino el desarrollo.
La investigación de las autoridades chinas revelará que algunas escuelas fueron construidas con materiales peores de los previstos y que la diferencia fue a parar a los bolsillos de gobernantes. La corrupción es norma en los entes locales. Es probable que, para calmar los ánimos de tantos padres, alguno sea ejecutado. Pero la diferencia entre las escuelas levantadas con y sin corrupción es que las primeras debieron tardar dos segundos más en caer. Los corruptos habrían sido asesinos si las escuelas hubieran caído por un terremoto de cinco grados, pero uno de ocho les absuelve.
Resumiendo: atendiendo a la pobreza de Sichuán, a la facilidad con la que se caen las escuelas en los países pobres durante los seísmos, y a la magnitud 8 de éste, lo extraordinario es que siguieran en pie. Ignorar eso es no tener ni idea de qué es China.