viernes, 09 de mayo de 2008 14:14
Adrián Foncillas
El fantasmal boicot chino a Carrefour
Se ha hablado mucho estos días del boicot chino a Carrefour. Así, sin matices.
Estuve en el Carrefour de Pekín el primer día de las protestas, y no había más de treinta jóvenes. No estuve el 1 de mayo, cuando supuestamente se iniciaba otro boicot de tres días, pero un colega me describió las protestas: un idiota disfrazado de ninja quiso entrar con una pancarta, la policía se la quitó, y los que estaban comprando, que no manifestantes, rieron y gritaron un poco. Hubo más protestas en centros de Xian, Chongqing, Shenyang y Changsha, que concentraron a unos miles.
Tenemos, pues, protestas en cuatro de los 112 centros de Carrefour en China. Tenemos a unas decenas de manifestantes en Pekín, de 15 millones de habitantes. Tenemos a unos miles de manifestantes en todo el país, de 1.300 millones de habitantes. Y tenemos titulares como "China protesta contra Carrefour", "Boicot chino a Carrefour" o similares.
Si las cosas no han cambiado mucho, no hay día sin una treintena de manifestantes en la Plaza de Sant Jaume de Barcelona, mediáticamente irrelevantes. Que esa misma treintena de manifestantes en Pekín abran los telediarios de todo el mundo carece de lógica periodística, o de lógica. Pero sirve para resaltar lo inflamado y potencialmente violento del reverdecido nacionalismo chino.
El concepto comúnmente utilizado en occidente de "los chinos" como patrón de comportamiento único no existe. Los chinos son muchos y diferentes, y es obligado subrayar la obviedad. Sí hay un enfado general hacia Francia por razones objetivas: la ineficacia policial durante el relevo de la antorcha, las pancartas antichinas colgadas desde el Ayuntamiento de París o la explotación mediática de la crisis por Sarkozy, a quien no se le recuerda ninguna intervención en la ONU para solucionarla. Pero los chinos, en su gran mayoría, no son idiotas: saben que son chinos los 40.000 trabajadores y el 96 % de los productos vendidos en los Carrefour de China.