lunes, 21 de abril de 2008 13:16
Adrián Foncillas
El ángel sonriente de la silla de ruedas

Jin Jing ha relevado estos días en la prensa china a las cinco niñas chinas encerradas en una tienda y quemadas vivas por tibetanos durante la revuelta de Lhasa que en occidente muchos aún creen pacífica. El relevo parisino de Jin, la guapísima minusválida, tiene una fuerza icónica invencible: zarandeada y golpeada por manifestantes protibetanos, salvada la antorcha bajo su cuerpo mientras grita dónde está la policía, y salida del desigual combate con lágrimas y el labio magullado, pero digna y victoriosa, aferrada al fuego olímpico entre los vítores y gritos de los chinos en las calles de París: "¡Chica, sé fuerte!", "¡Adelante, China, adelante!". "En ese momento sentí que toda la madre patria me apoyaba, y tuve el presentimiento que los Juegos serán un éxito", dijo después Jin.
Jin es el símbolo de la resistencia china a los agentes extranjeros que persiguen la ruina olímpica. "El ángel sonriente en silla de ruedas", "la relevista más guapa", "la heroína que protegió la antorcha con su cuerpo", se la describe en la prensa. "Eres guapísima, pero tu corazón aún lo es más", "gracias por proteger el orgullo chino", "venceremos", se lee en los blogs. La historia ha sido detalladamente descrita por testigos, y muchos chinos reconocen que han llorado al leerla. Jin la ha repetido en los medios chinos. La foto en la que aprieta la antorcha contra su cuerpo tiene el aroma de lo perdurable.
Jin, de 27 años y nacida en Shanghai, pertenece al equipo paraolímpico de esgrima. Perdió la pierna por un tumor a los 9 años. Hasta hace poco tenía un trabajo mal pagado de media jornada. Ahora las ofertas laborales se le acumulan. ¿Quién no quiere tener a un icono nacional en plantilla?
