Zhang Shufan era una desconocida hasta que habló brevemente en un programa televisivo que anunciaba otra campaña contra los contenidos indebidos en la red. "Buscaba información en internet cuando una ventana surgió de repente. Era muy amarilla, muy violenta. La cerré enseguida", contaba la Lolita de 13 años con el susto aún fresco. El erotismo chino no es verde sino amarillo, y la frase triunfó. Se han creado webs con ella, circulan fotos, vídeos y caricaturas. Hay clasificaciones sobre las webs más amarillas y violentas. Zhang ha desoído el clamor que le suplica el nombre de la que la perturbó, y su padre ha denunciado la crisis que sufre por tanta burla.

Carece del regio lustre del "¿por qué no te callas?", pero ha ido mucho más allá. Todo es amarillo y violento en los últimos meses. ¿Qué tal tu fin de semana? Muy amarillo, muy violento. ¿Has visto la versión sin censurar de Deseo, peligro? Muy amarilla, muy violenta. Es una de las frases de éxito que se repiten estos días en cualquier esquina. Hay más, también de generación espontánea.

Los cantantes en Hong Kong frecuentan menos el lado salvaje que las recepciones con políticos. Gillian Chung, la mitad del grupo juvenil de masas Twins, aún iba más lejos. Censuraba a los famosos que se besaban en público y criticaba el sexo prematrimonial en colegios católicos. Edison Chen es el actor que causó un enorme escándalo sexual tras llevar a reparar su portátil con cientos de fotos privadas de sus famosas exnovias, Gillian entre ellas.

"Cuando era joven era muy naíf y muy tonta", se excusó entre lágrimas en una rueda de prensa que no convenció a nadie. Su carrera está acabada y su boda aplazada. Si cuando era naíf se dejaba fotografiar con la cabeza tozudamente entre las rodillas de Edison y con una botella de lubricante a mano, qué hará cuando madure, se preguntaban los internautas. Cuando uno tiene un problema hoy en China, finge pucheros y dice que fue naíf y tonto.

A Edison le fue mejor. Reconoció sin matices su culpa, dijo haber fallado como modelo social, anunció que dejaba la industria del entretenimiento de Hong Kong para limpiar su alma a través de obras benéficas, recibió el perdón de la sociedad y nadie se ha molestado esta semana al saberse que en breve empezará a rodar en Singapur. Había dicho Hong Kong.

La verdad ha sido vapuleada desde que empezaron las revueltas en Lasa. Era esperable de China, una dictadura anclada en la manipulación y la censura de la Revolución Cultural, pero mucho menos de medios occidentales. Militares nepalís golpeando a tibetanos han sido constantemente presentados como chinos por televisiones y diarios. La CNN manipuló una foto de las revueltas violentísimas de Lasa, cortando a manifestantes que apedreaban un camión de soldados chinos.

"No seas tan CNN", se dice al extranjero que ve el conflicto del Tíbet como una película de buenos y malos. Por extensión, también a los que culpan a China de la ruina ecológica mundial o del aumento del precio de la leche. Es una frase anónima y aún incipiente, pero sobran naífs y tontos para augurarle el éxito.