jueves, 10 de abril de 2008 19:40
Adrián Foncillas
Merkel y Sarkozy, no es lo mismo
Se suele meter estos días en el mismo saco a Ángela Merkel y Nicolas Sarkozy porque aquella no irá a la ceremonia de inauguración de los JJ.OO en protesta por la política de derechos humanos de China y éste es probable que tampoco.
Merkel es, probablemente, la única líder europea que trata con honesta beligerancia los derechos humanos en Pekín. Lo habitual es que las delegaciones diplomáticas suelten a los chinos un par de generalidades o abstracciones antes de largarse con jugosos contratos económicos bajo el brazo. Para China es un trámite indoloro, y al país en cuestión le basta para salvar la cara ante su opinión pública. "Les hemos mostrado nuestra más enérgica postura, y se han mostrado muy abiertos a considerarla", es una fórmula habitual.
Merkel recibió el año pasado al Dalai Lama, que había sido ignorado en su visita a España por Zapatero y Montilla. La visita le costó a Alemania un contrato económico sobre aviación apalabrado con China. Merkel fue repudiada por la clase política y empresarial de su país: menos idealismo naive y más real politik, fue el mensaje.
Pocas semanas después, Sarkozy firmaba en Pekín el contrato que en buena lid le pertenecía a Alemania. Sarkozy ha sido portada estos días por postularse como mediador entre Lhasa y Pekín, ha sido portada por plantearse las dudas de si acudir o no a la inauguración, ha sido portada por imponer tres condiciones a China y será portada cuando anuncie finalmente si va o no, si no hay portadas antes. Merkel dijo hace meses que no iría y se ha negado a entrar en este guirigay.
Otra consideración: lo último que hará China es negociar con el dalai lama sólo porque se lo impongan. Sería una señal de debilidad intolerable. Ignoro cómo de cerca estaba Pekín de negociar con el dalai lama, pero deduzco que ahora está aún más lejos. Ésa ha sido la contribución de Sarkozy al conflicto del Tíbet.
No debería confundirse la férrea, incondicional y admirable defensa de los derechos humanos de Ángela Merkel con la mediática charlatanería de Sarkozy.