Es difícil que un caso de corrupción en la banca china sorprenda. Durante la primera mitad del año pasado, por ejemplo, fueron detenidos 421 funcionarios. No es raro que el botín acabe desparramado sobre las mesas de los casinos de Macao o en regalos a concubinas. Un directivo del Banco de la Construcción fue ejecutado en 2004 por malversar 40 millones de yuanes (10 yuanes equivalen a un euro) en atenciones a ocho concubinas.

Ren Xiaofeng y Ma Xiangfing han sorprendido. Protagonizaron uno de los mayores robos de la historia en China y se gastaron el botín en lotería. El plan tenía la belleza de lo simple: conseguir el premio gordo, devolver lo sustraído antes de ser descubiertos y retirarse a una vida de lujos con el resto. Ren y Ma dijeron que su plan fue el resultado del hastío de su anodina vida de funcionarios en un banco de provincias. Esta semana fueron condenados a pena de muerte, aunque es probable que el Tribunal Supremo se la conmute por cadena perpetua.

El prólogo se sitúa en octubre pasado. Ren y otros dos empleados de una sucursal del Banco Agrícola de Handan, en la provincia de Hebei, sustraen 200.000 yuanes y los gastan en lotería. Les toca y devuelven el dinero. Ren, ludópata pertinaz, no ve en ese giro afortunado la oportunidad de redención sino una prueba de que el plan funciona.

El nudo se concentra en apenas unas semanas de marzo y abril. Los cómplices de Ren ya no trabajan en el banco. La caja fuerte sólo puede ser abierta con dos llaves a la vez, así que Ren convence a Ma, el otro guardián. Empiezan los pequeños desfalcos, de unos 10.000 yuanes. Los boletos apenas cuestan 2 yuanes, así que las posibilidades de éxito les deben parecen enormes. Pero la suerte les esquiva y empiezan a alimentar una obsesión que acrecentará las sumas robadas.

En julio, presos de desesperación, sacan más de 14 millones de yuanes en un solo día. “Pensamos que ganaríamos el doble de lo robado”, asegura Ren tras la detención. Pero apenas consiguen premios menores y llegan a la certeza de que sólo les queda huir. Al día siguiente cogen otros 8 millones, aseguran a sus mujeres que se van de viaje de negocios y se separan.

Los empleados del banco alertan a la policía pasada una semana. Cuando abre la caja encuentra el suelo cubierto de miles de boletos. Los beneficios de la lotería son destinados a sufragar obras públicas, así que el Gobierno acababa de felicitar a la oficina expendedora de Handan por sus incomparables ventas.

El Ministerio del Interior los incluye en la lista de los más buscados, la policía de todo el país se moviliza, carteles con sus rostros son colgados en muchas ciudades, se ofrece una recompensa de 50.000 yuanes y miles de ciudadanos aseguran haberles visto. En internet se opina que han huido del país, como tantos otros. En los foros hay más curiosidad que odio, quizá por la novedad democrática: los desfalcos en la banca china han sido un tradicional monopolio de sus directores. Surgen las comparaciones con Robin Hood, que pasan por alto que el de Sherwood era parecidamente audaz pero decididamente más listo y generoso.

La policía precipita el desenlace dos días después. Ma es arrestado en Pekín y Ren cae en un apartamento alquilado en Lianyungang, provincia de Jiangsu. Llevan consigo poco más de 5 millones de yuanes; los restantes 45 han sido gastados en lotería. También son detenidos los antiguos socios de Ren y una quinta persona por encubrimiento. El escándalo le cuesta el puesto a cinco directivos del banco, incluido Deng Zhenguo, vicepresidente de la rama provincial del Banco de Agricultura.

“Me arrepiento de haber sido tan estúpido como para haber hecho esto. No puedes esperar hacerte rico rápidamente jugando a la lotería”, afirma Ren a un diario local. Los billetes necesarios para juntar esos 51 millones desfalcados pesan dos toneladas y, puestos uno encima del otro, se elevan a más de 50 metros. Sólo consiguieron premios menores.

El epílogo es de Ren: "La lotería es un timo, nunca toca".