Luchador incorruptible es el juego de moda entre los internautas chinos. Reproduce fielmente lugares de Ningbo, ciudad de la sureña provincia de Zhejiang, y cubre desde la dinastía Qing hasta hoy. El juego consiste en perseguir y matar a docenas de políticos corruptos de la historia del país. Para mejorar sus armas o avanzar niveles, los jugadores deben leer casos antiguos de corrupción. Una vez eliminados todos, el jugador entra en un "paraíso lleno de cantos de pájaros y aroma de flores, un mundo pacífico donde la gente vive rodeada de amor, armonía y prosperidad nacional".

"Noté una gran sensación de éxito cuando castigué a todos esos malditos funcionarios", dice un jugador. "A través del juego, ellos se vuelven más valientes en la lucha contra la corrupción en la vida real", sostiene el programador. El éxito de Luchador incorruptible ha colapsado el servidor, incapaz de soportar a tantos jugadores en línea a la vez.

La guerra contra la corrupción en China no es nueva ni tibia. Hace años empezó la campaña Yan Da (Golpear duro) y los discursos oficiales de hoy la siguen enfatizando. Se estima que la corrupción le ha costado a China el 15% del PIB en las últimas décadas, además de miles de revueltas anuales y la merma de la confianza en el Partido.

China se esfuerza en los últimos años en educar a los más jóvenes para que estén preparados para cuando lleguen las tentaciones. En los colegios de Hangzhou, también en Zhejiang, se imparte desde el año pasado la asignatura de anticorrupción. Pocos vieron que suponía darles a los niños la medicina que necesitaban sus padres. Se entendió que una juventud con nociones de anticorrupción es el mejor bien para China. Este año se ha anunciado que también se impartirá en aulas de Pekín.